El tlacuache, héroe de la mitología indígena antigua

El vestigio más antiguo que se ha encontrado de la representación de un tlacuache es la de una pequeña figurilla de barro encontrada en Tlapacoya, Estado de México, que se calcula que fue hecha hacia el año 1000 a. de N. E. Según se aprecia en las fuentes indígenas del pasado, la figura del tlacuache fue cargándose de símbolos muy variados. Sus imágenes en códices mesoamericanos lo vinculan al juego de pelota, al cruce de caminos, a la decapitación, a las ceremonias de año nuevo, a la Luna y al pulque.

En las imágenes que lo muestran luce mantos multicolores, tocados ricos, bastones de sonajas y se sienta en taburetes cubiertos con la piel del jaguar. Tampoco falta la representación del tlacuache entre las joyas mixtecas de oro encontradas en la Tumba 7 de Monte Albán. En los textos mayas, como el Popol vuh o el Chilam Balam de Tizimín, aparece el tlacuache como señor del crepúsculo matutino o como representación de los dioses que sostienen el cielo. Es un hecho verificable que para el periodo Clásico mesoamericano (600 – 900 d. de N.E.) este animalito había sido divinizado.
 


Este animalito fue un personaje importante en diversas tradiciones indígenas del pasado. El mito más importante y extendido del tlacuache, es el que relata las proezas del marsupial cuando robó el fuego a los seres celestes o a los habitantes del inframundo para dárselo a la humanidad. Según este relato, el tlacuache se acercó a una hoguera y encendió su cola, que a partir de entonces quedó pelada, o bien escondió la brasa en su bolsa de marsupial. De cualquier modo, en prácticamente todas las mitologías indígenas mexicanas se le presenta como un gran benefactor para los hombres.


El tlacuache, personaje vivo en la tradición indígena contemporánea

Actualmente, el tlacuache como personaje mitológico sigue vigente. Por ejemplo, una de las 18 veintenas o “meses” que dividen el año de los indígenas tzotiles recibe su nombre. Asimismo, los mayas creen que la basura algodonosa de las madrigueras de los tlacuaches puede mezclarse con pólvora para matar un venado fabuloso, que es de “puro aire” y que pertenece a San Jorge. En diversas comunidades puede encontrarse su efigie colgada en templos y hogares.

Además, en muchos cuentos y mitos indígenas tiene un lugar privilegiado. En éstos se le muestra como el jefe del mundo, el resistente a los golpes, el despedazado que resucita, el astuto que enfrenta el poder de los jaguares, el jefe de los ancianos consejeros, el civilizador y benefactor, el abuelo respetable y sabio. En la tradición popular el tlacuache es astuto, ladrón, borracho, fiestero, parrandero y lascivo. El mito de este animal también ha confluido con la tradición cristiana y algunas versiones lo ligan al nacimiento de Jesús: en este caso se dice que la Virgen y el Niño padecían frío, y el tlacuache robó el fuego para calentarlos.


En diversos cuentos populares, el tlacuache y el jaguar son los equivalentes regionales de la famosa pareja del conejo y el coyote. En estas narraciones el personaje débil pero astuto (tlacuache), burla la fuerza de su adversario, poderoso y cruel (jaguar). Uno de estos cuentos, en donde el célebre animal se libra de la amenaza de ser comido por un jaguar, es una de las narraciones tradicionales de la comunidad indígena Chamula, en el estado de Chiapas. A continuación te presentamos este relato, ¿cómo se sale con la suya nuestro pequeño personaje?

   
 

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