Texto basado en el video: Tabaquismo, ILCE, México, 2000

Ramón Cordero G.
 

Si el mundo del tabaco fuera una pecera, ten por seguro que tú serías una pequeña sardina y las fábricas de cigarrillos los tiburones.


Tal cual. Y es comprensible, porque ¿qué tiburón podría resistirse a engullir unos cuantos pecesillos en cada dentellada? Las compañías tabacaleras son grandes negocios y, como tales, su principal objetivo es ganar dinero. A estos escualos comedores de monedas no les interesa realmente si fumar provoca daños en la salud, como tampoco les importa quién terminará pagando los efectos o los mismos cigarros.

¿Por qué decimos que serías una pequeña sardina? Bueno, pues —de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud— se sabe que la mayoría de las personas que ahora son fumadoras, comenzaron con el hábito del cigarrillo antes de los 18 años. En general, es muy difícil que una persona mayor de los 30 comience a fumar.

Aunque a veces no lo parezca, la mayor parte de la publicidad de estas compañías —los tiburones— está diseñada para convencer a los jóvenes adolescentes —ustedes, los peces— de que fumar tiene muchas ventajas y de que quieran hacerlo. En los anuncios de cigarrillos hay aventura, romance, belleza, diversión, popularidad y otro montón de cosas que serían sensacionales para alguien que comienza a crecer y tiene que encontrar su lugar en el mundo.


Las fábricas de tabaco ven a los jóvenes como una mina de oro que comenzará a producir en cuanto tengan su primer trabajo. Sí, tienen perfectamente montado el numerito. Saben que si logran hacerte fumar al menos un poco, con el tiempo desarrollarás una adicción que te obligará a seguir comprando cigarros durante el resto de tu vida.

 
Como puedes darte cuenta, no les interesa hacer publicidad para adultos porque ellos ya son un mercado seguro: son sardinas de mayor tamaño o tal vez salmones. Imagina qué tan efectiva es su publicidad, que a pesar de las campañas en contra de fumar, no han logrado ni siquiera detener el aumento de fumadores.


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