La
gente iba sentada dentro de un carrito que recorría las vías.
El carrito ganaba bastante velocidad en la bajada y el diseño era
rudimentario, pero causó una gran sensación: movilizó
gente de todos los lugares del mundo. Es curioso que, así se trate
de una carísima construcción en un parque de lujo en Estados
Unidos, una austera pero eficiente versión europea o una versión
de feria en México, todas sean montañas "rusas".
Pero ¿por qué rusas?
Las montañas rusas
han recorrido un largo camino, en un subibajas continuo por la historia.
Comenzaron siendo toboganes sobre hielo, en la rusa zarista del siglo
XVI, aunque también hay versiones que afirman que en el siglo
XVIII la emperatriz Catalina "la Grande" se divertía
durante el invierno arrojándose por las nevadas laderas de una
montaña en un cajón de madera al que usaba como trineo.
Una vez que terminaba el invierno y la nieve se derretía, se
aburría mucho hasta que se le ocurrió que le pusieran
a su cajón de madera cuatro ruedas y a partir de entonces pudo
deslizarse por las montañas en cualquier estación del
año.
Esta idea se extendió
entre la nobleza rusa y poco a poco fue perfeccionándose cada
vez más hasta llegar a nuestros días. Luego, a comienzos
del siglo XIX, unos emprendedores parisienses crearon la versión
de rueda y riel del tobogán, convirtiéndolo en una atracción
popular a la que llamaron "montaña rusa", en honor
al país de origen de esta forma de diversión.
En 1884 se construyó
en Coney Island, Nueva York, la primera montaña rusa de madera:
muchos vagones que corrían sobre rieles como los del ferrocarril.
Esta construcción fue obra de Marcus A. Thompson. Fue tal el
éxito de esta montaña rusa que, cuatro años más
tarde, el señor Thompson ya había construido cerca de
50 montañas rusas en Europa y Estados Unidos.
Pero la diversión
y la situación política de un país van siempre
de la mano y las montañas rusas de madera casi desaparecieron
durante la gran depresión, por lo que se que inventaron pistas
de acero tubulares y ruedas de poliuretano, en 1959, para darles nuevamente
vida. La técnica se fue perfeccionando y las nuevas ruedas sujetaban
mejor los vagones a los rieles, lo que hacía que el viaje fuera
más suave, con menos traqueteo, y permitía maniobras que
en otro tiempo habrían parecido muy peligrosas.
La evolución de las
montañas rusas debe muchas aportaciones a diferentes países,
ya que sus hombres las han ido puliendo sin importar que sean rusas
o no. Prueba de ello es que el alemán Antón Schwarzkopf
perfeccionó el rizo vertical de 360 grados; y en la compañía
estadounidense Arrow, Ron Toomer, ingeniero mecánico que había
trabajado en el programa espacial Apolo de la Nasa, creo "el tirabuzón",
rizo que pone a los pasajeros de cabeza y de lado.
Los trenes de toboganes de
las montañas rusas son impulsados por la gravedad. Tras ser remolcados
hasta lo alto de la primera cuesta por una cadena sin fin, los vagones
son liberados, y tardan sólo unos cuantos segundos en alcanzar
una gran velocidad, lo cual ejerce una enorme presión sobre la
estructura de apoyo.
Las
viejas montañas rusas de madera generalmente tenían 60
por ciento más de maderamen del que era necesario, y la velocidad
el tren era controlada por el operador con un freno de mano. Con el
tiempo se les fueron haciendo cada vez más mejoras a las montañas.
Se hicieron más altas y se les agregaron cinturones de seguridad.
Para eliminar los errores
humanos, los modernos aparatos de acero y madera se controlan mediante
computadoras, las cuales vigilan cada tren y activan automáticamente
unos frenos de compensación cada vez que la velocidad a las fuerzas
"g" exceden ciertos límites. Las computadoras detienen
también todo el sistema a la primera señal de peligro.
Casi todas las montañas rusas son inspeccionadas diariamente
para detectar cualquier daño, acto de vandalismo o indicio de
desgaste del metal.
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