
En los barrios nebulosos y húmedos de las ciudades inglesas de la década de los setenta, el punk comenzó a gestarse cuando el rock dejó de ser para algunos jóvenes un medio de expresión, de rebelión y denuncia, para convertirse en un producto más de las grandes disqueras. Quizá otro detonante fue la crisis económica y política que entonces vivía Inglaterra, y que sumada al desencanto de los jóvenes por la falta de oportunidades y el aumento del desempleo, abrió la brecha para un movimiento que sirvió como grito de protesta y que encontró en las actitudes rebeldes y anarquistas el escape de la realidad y el sentido de la vida. Así, el punk surge como forma para liberar el descontento.

Existen dos versiones del origen del término: una que afirma que
el nombre fue dado por la prensa inglesa para referirse de manera despectiva
a esos grupos de jóvenes que cuestionaban, increpaban y se manifestaban
contra la sociedad y lo establecido; y otra que surgió cuando
Legs McNeil y John Holmstrom crearon en Estados Unidos una revista para
hablar de las ideas, la música y los excesos de los jóvenes,
a la que llamaron Punk. Sea como sea, el término se
popularizó y dio nombre no sólo a un nuevo género
musical sino a un cúmulo de ideas y creencias que se difundieron
rápidamente en Estados Unidos y Europa.
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