Colecciones y tesoros
Lo
más importante de un museo es su colección y una de sus
tareas fundamentales es coleccionar, ya que dependiendo de su colección
el museo define sus necesidades.
Cuando
hablamos de colección nos referimos a objetos adquiridos y preservados
por el museo, por su valor potencial estético o educativo.
Una
buena colección debe poseer información indispensable
para no perder su valor. Se debe saber de dónde viene, cuál
es su antigüedad y su importancia dependiendo del contexto cultural.
Todas
las cosas que puedes encontrar en un museo no aparecen de la noche a
la mañana: se van reuniendo poco a poco con golpes de suerte,
donaciones, subastas y sobre todo con el paso del tiempo.
Al
hombre le ha gustado tener cosas que considera bellas; en la antigüedad,
en Grecia y Roma, a las personas que tenían una posición
económica acomodada les gustaba coleccionar cuadros, lujosos
vasos o piedras talladas con maestría.
Durante
la Edad Media fueron principalmente las iglesias y los monasterios los
que reunieron grandes tesoros, ya fueran objetos de culto, joyas o iconos.
Estos valiosos tesoros cambiaron de manos muchas veces, ya fuera por
saqueos, herencias o por caprichos de la historia. La mayoría
de estos objetos que están fuertemente vinculados con la religión
eran atesorados en conventos o abadías.
El
Museo del Vaticano en Roma, es una muestra de las grandes obras
de arte que, ya fueran inspiradas o bajo pedido, tenían mucho
que ver con lo sagrado.
Es
a partir del siglo XV que las familias reinantes y principescas, en
parte por el placer de tenerlas y en parte para
demostrar
su poder económico, que para embellecer sus palacios gastaron
mucho dinero en la compra de joyas, tapices, camafeos, y también
obras de arte de la antigüedad grecolatina, etcétera.
Esas
colecciones se reunían en los “gabinetes de curiosidades”,
que eran unos cuartos con altas paredes repletas de cuadros, esculturas
por doquier y mesitas con curiosidades accesibles a amigos de la familia
y alguno que otro aficionado suertudo.
Siglos
más tarde, ya en el siglo XVIII, cuando abrieron sus colecciones
al público, curiosamente algunos monarcas se convirtieron en
los fundadores de los primeros museos.
En
Europa muchos de estos museos empezaron casi al mismo tiempo: La galería
de los Uffizi en Florencia en 1737, el British Museum de Londres en
1753, la galería Kassel de Alemania en 1760. En París,
el Louvre abrió las puertas en 1793. En Madrid, el Prado se inauguró
en 1819. En el siglo XIX casi todos los países europeos tenían
oficialmente abiertos sus museos del Estado.