De revolución a revolución

Cualquiera piensa que para hacer una revolución hay que echar balazos, perseguir a los enemigos ideológicos y hacer cambios en el poder. Bueno, algunas sí se han caracterizado por eso, pero otras no. Estrictamente, revolución quiere decir más cosas. Por ejemplo, es también un cambio total y radical. Con esta última idea, la higiene es y ha sido una auténtica revolución en el mundo de la salud.


¿A poco es para tanto?...

Por supuesto. Los primeros antibióticos y medicamentos antimicrobianos, apenas tienen unos 50 años en el mercado. Se inventaron y comercializaron a mediados del siglo XX. Los desinfectantes son más viejos, pero de todas formas son relativamente recientes. De hecho, a principios del mismo siglo XX, muchas personas ignoraban la existencia de los microbios como transmisores de enfermedades.

Tan sólo para darte unos cuantos ejemplos:

¿Sabes quién infectaba a las mujeres durante el parto, mismas que luego morían por una enfermedad llamada fiebre puerperal? ¡Sorpresa! Sus propios médicos. ¿Increíble? Pues no lo es tanto. En el siglo XIX, ignorando los mecanismos de transmisión de las enfermedades, un doctor de aquellos tiempos se iba a atender a una futura madre después de haber estado examinando cadáveres o a enfermos de cualquier otra cosa. Sin medicamentos efectivos para un tratamiento, el médico llevaba los gérmenes en sus manos y ropa, infectando a una mujer sana que estaba en proceso de parto.

¿Sabes de dónde viene la expresión: “¡Aguas!”? Aja, esa tan usada para avisarnos de algún peligro o riesgo. Pues de la costumbre que se tenía de arrojar desde las ventanas y hacia la calle, el contenido acumulado por las noches en las bacinicas de los ciudadanos y las ciudadanas. Piensa que el uso de los drenajes y los cuartos sanitarios es apenas novedad: antes los desperdicios corrían por el arroyo de las calles.

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