Bueno: no resultó una buena barrera, pero sí una excelente carretera para desplazar a las tropas chinas. Con una anchura de unos 7 metros y siendo plana en su superficie, la marcha podía hacerse con bastante comodidad y rapidez. Curiosamente, su longitud también ahora impide su protección. Como en los viejos tiempos, resulta imposible la vigilancia de este gigante.
¿Por qué es como una cantera? Por la enorme cantidad de material empleado en su construcción. Nada más piensa en la cantidad de bloques de piedra, tierra y tabiques que se encuentran reunidos a lo largo de tantos kilómetros, y que fueron juntados durante siglos y siglos por millones de personas.
Para que te des una idea, en algunos tramos —los primeros— se hacían profundas zanjas paralelas para colocar los cimientos. La distancia entre estos surcos era de unos 7 metros. Ahí se colocaba una base de granito y encima se levantaban los muros. El espacio entre paredes se rellenaba con tierra y luego se ponía un piso en la parte superior. Las torres alcanzaban hasta 14 metros de altura y la propia Muralla unos metros menos. Aunque también has de tener en cuenta que, a lo largo de tanto tiempo, hubo variantes en el diseño.
Todavía hay muralla para rato, pero es triste saber que así como esta obra monumental ha sufrido un daño tan severo, lo mismo ocurre con el patrimonio histórico de países como México. Vestigios prehispánicos que son saqueados por coleccionistas, construcciones que quedan hechas ruinas por la visita de miles de turistas y, claro, también por el uso de sus materiales para edificar nuevas edificaciones. Esto puede verse a la perfección en sitios arqueológicos como El Tajín o Cempoala, en el estado de Veracruz.
   


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