Ese grito
que llena la floresta, que convoca al león y al elefante. Alarido
salvaje que aterra a los cazadores furtivos, sus enemigos.
¡Ahaaaaaaaaaaaaahahahahahahaaaaaaaaaaaaa!
¿Sí?
¿Muy emocionante?
¡Pues
son patrañas!
Viajando
por las lianas, el único grito que podría dar Tarzán,
sería de dolor al caer de cabeza en el piso.
¡Zas!
¡Tremendo trancazo!
¿Kringa
bundolo? ¿Otro de sus llamados en el idioma de los grandes simios,
sus hermanos?
Nada de nada:
son los balbuceos que le salen después de la última caída
de una liana. Caramba, que el hombre mono ha quedado atarantado. Es
una desgracia que los escritores no sepan de botánica, y una
catástrofe que los directores de cine desconozcan la historia
natural. Y es que las lianas parecen cuerdas, pero no lo son, simplemente
son lianas y por ellas no podría viajar el pobrecito Tarzán.
Pero si lo
hemos visto miles de veces balanceándose de un árbol a
otro. Ágil como un mico, rápido como el Tam Tam
de los tambores africanos.
Pues en película
será.
¿Y
por qué en una liana no puede viajar? Es tan claro como el agua:
las lianas son plantas de cualquier selva tropical. Las hay en Chiapas,
Veracruz, Tabasco, Campeche y varios estados más. África
no tiene la exclusiva. Pero, bueno: más allá de la especie
de liana y de su nacionalidad, como plantas que son, se encuentran ancladas
en tierra. Con sus raíces bien puestas... ni modo que se desprendan
porque Tarzancito va a pasar.