Cuenta el mito
que hubo una tormenta seguida de violentas sacudidas y se abrió la
tierra donde Giges, pastor del rey de Lidia, cuidaba sus rebaños.
Asombrado por
lo que veía, bajó por una grieta y descubrió, entre otras maravillas
un caballo de bronce, en cuyo vientre había unas pequeñas puertas
abiertas, por las que asomó la cabeza para observar las entrañas de
este animal, y se encontró con un cadáver de tamaño superior al humano.
El cadáver estaba
desnudo, y sólo tenía en el dedo un anillo de oro. Giges tomó el anillo
y salió de la grieta.
Cuando se reunió
con otros pastores, al cabo de un mes como acostumbraban, para dar
razón al rey del estado de sus ganados, giró por casualidad el anillo,
dejando el engaste de cara a la palma de la mano; y de inmediato los
compañeros que lo rodeaban dejaron de verlo, y con gran sorpresa suya
comenzaron a hablar de él como de una persona ausente.
Giró nuevamente
el anillo y tornó a ser visible. Repitió la operación varias veces
y comprobó que efectivamente la joya tenía aquel poder.
Entonces, seguro
de su descubrimiento, se hizo incluir entre los pastores que irían
a dar cuenta al rey. Aprovechando su recién adquirido poder, llegó
a palacio, enamoró a la reina, y con su auxilio atacó y mató al soberano
y se apoderó de su reino.
Al tener en su
poder ese anillo, pocas personas serían capaces de mantener una conducta
justa. El mito de Giges nos enseña que nadie es justo por propia voluntad
sino por falta de alternativas ¿Será ésto cierto?
Alrededor de esta
reflexión mucha gente opina que sería muy raro encontrar un hombre
de carácter firme que, teniendo poderes tan extraordinarios, fuera
justo y no tocara los bienes ajenos, cuando sin ningún castigo podría
robar todo lo que quisiera, entrar en las casas, matar personas y
cumplir todos sus antojos sin importarle a quien hiciera daño, con
un poder igual al de los dioses en medio de los mortales.
Es importante
que recuerdes esta historia, porque próximamente el anillo regresará.
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