Un buen ejemplo
de cómo hacerlo de manera correcta es la siguiente:
Haz
bolas unas cuantas hojas de papel y échalas al fondo. A continuación
desparrama el desperdicio del café. Si hay algún objeto
de tela como una camiseta luida y vieja,
colócala
encima de lo anterior. Luego será conveniente incorporar algunas
cáscaras de fruta fresca (la de temporada suele ser mejor). En
este punto, unas bolsas de plástico serán indispensables.
Sobre ellas hay que poner una generosa ración de desperdicios
de la comida: huesos, pellejos, caldillo y residuos de ensalada. Ahora
unas latas vacías de
atún
o sardina, pero cuidando que no sean previamente limpiadas. Una cubierta
de envolturas y empaques es adecuada para casi completar nuestra fábrica.
Por último, copetea el bote con papel sanitario, servilletas
usadas y los sobrantes de la semana del refrigerador.
·
Tapa perfectamente y espera algunos días. Si
el tiempo es caluroso, bastará con tres días. Siendo temporada
fría, será conveniente dar un par de días más.
En este trabajo de producir basura, la paciencia tiene su recompensa.
Entre mayor sea el tiempo que dejes reposar tus ingredientes, mayor
es la garantía de obtener hasta cultivos de moho.
·
Luego del tiempo convenido, corresponde examinar el
contenido del bote.
Seguramente podrás disfrutar del espectáculo más
asqueroso y repugnante. De todo el material originalmente vertido, difícilmente
podrás reconocer las características originales. Hum...
y qué aroma inigualable.
¡Eureka!
Ahora todo es basura de primerísima calidad.