Durante
la Edad Media hubo arquitectos de catedrales que “firmaron”
sus obras con pequeños autorretratos esculpidos en sitios
semi-escondidos de la arquitectura. Así puede apreciarse,
por ejemplo, en las catedrales de Santiago de Compostela y de
Praga. Para el Renacimiento, el reconocimiento al artista se elevó
a alturas desconocidas hasta entonces y esto hizo común
la práctica de autorretratos, en los cuales el artista
se mostraba a sí mismo como creador y profesionista dotado
de estatus social. Se considera que el primer autorretrato elaborado
con esta conciencia es el de Jean Fouquet, de 1470.
Después del
Renacimiento, la práctica de autorretratarse se convirtió
en uno de los temas predilectos de los artistas, que implicaba
la exploración plástica de sí mismos desde
varias perspectivas: fisionómica, psicológica, de
identidad social y artística. Hasta la fecha, muchos artistas
realizan sus autorretratos observándose al espejo; pero
también hay quienes miran dentro de sí y prescinden
de las formas de la realidad para mostrarse a sí mismos.
También pueden buscar en el pasado, en su infancia o en
otras épocas, imágenes que reflejen su interioridad
y, en este sentido, están creando autorretratos. Los autorretratos
muestran sólo lo que el artista quiere mostrar: algunos
presentan una crónica de la historia de su vida o de una
circunstancia precisa y hay otros que revelan sus visiones y preocupaciones
más íntimas. Algunos autorretratos incluyen objetos
personales del artista, sus herramientas de trabajo o personajes
que consideran cercanos y parte de sí mismos.
Un
autorretrato puede transmitir una variedad de intenciones y mensajes.
A continuación comentamos algunos casos de artistas que
realizaron autorretratos con distintas finalidades.
Observa
los siguientes autorretratos ¿Qué crees que dicen
de sus creadores?