Silvestre
Revueltas
El
año de 1899 vio nacer a tres músicos de gran trascendencia
para México: Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y
Eduardo Hernández Moncada; pero el caso de Revueltas es único.
En aproximadamente una década que duró su actividad
creativa (con excepción de algunos pequeños experimentos
aislados, realizados antes de 1929), el compositor duranguense nos
legó sorprendentes obras musicales que apenas hasta estos
días están siendo valoradas en sus diversos aspectos.
Con opiniones bien fundamentadas, se ha considerado a Revueltas
como uno de los más grandes compositores del siglo XX.
Una
vida novelesca
La
vida de Silvestre Revueltas estuvo llena de rasgos singulares, comenzando
por la fecha de su nacimiento el 31 de diciembre de 1899: el último
día del siglo XIX. Fue Silvestre el primero de 12 hijos,
de los cuales también serían famosos Fermín
como pintor, José como escritor, y Rosaura como actriz. Dotado
de un precoz talento, se inició en la música estudiando
violín. Gracias al apoyo de su padre, pudo continuar sus
estudios fuera de su lugar natal. En 1913 ya era alumno de composición
de Rafael J. Tello, uno de los más importantes maestros de
aquel entonces en la ciudad de México. En 1917 viajó
a Estados Unidos y se graduó dos años más tarde
en el Chicago Musical College con las especialidades de violín,
armonía y composición.
Revueltas
regresó a nuestro país en 1920, pero desde entonces
hasta el final de esa década alternó su residencia
entre México y los Estados Unidos. En 1925 ya conocía
a Carlos Chávez, quien a partir de ese momento comenzó
a alentarlo para que escribiera música y con quien colaboró
en conciertos y recitales. La vida de Revueltas se tornó
económicamente difícil en Estados Unidos, donde se
ganaba el sustento trabajando en diversas orquestas para teatro
y cine. Recordemos que entonces aún no existía el
cine sonoro, así que las funciones se daban con la musicalización
en vivo a cargo de un pianista o de un conjunto instrumental. Las
responsabilidades de Silvestre en esas orquestas fueron unas veces
como violinista principal (concertino) y otras como director,
haciéndose cargo en muchas ocasiones también de los
arreglos musicales. A finales de 1928 recibió una invitación
de Chávez, quien acababa de asumir la dirección del
Conservatorio Nacional de Música, para tomar la cátedra
de violín y dirigir la orquesta de alumnos en la misma institución.
En
1929 Silvestre se estableció en México de manera definitiva
y se incorporó a la vida musical del país como maestro
de violín y director de la orquesta del Conservatorio. Participó
como jurado en concursos de composición y tocó como
solista con la Orquesta Sinfónica de México. Después
fue invitado ocasionalmente a dirigir dicha orquesta, que ya había
ganado mucho prestigio nacional e internacional, y de la que se
convirtió un poco más tarde en su subdirector. En
1933 el compositor fue nombrado director del Conservatorio, cargo
que desempeñó por dos meses. Por sus diferencias con
Chávez, Revueltas renunció a la Orquesta Sinfónica
de México en 1936, haciéndose cargo solamente de la
orquesta del Conservatorio, misma que unos años más
tarde se convertiría en la Orquesta Sinfónica Nacional,
al unirse con la Orquesta Sinfónica de México.
Como
hemos visto, Silvestre vivió en medio de múltiples
actividades; además tuvo que sobrellevar una mala situación
económica, porque los sueldos no eran buenos. Pero desde
1929 le comenzó una fiebre creativa que lo llevaría
a componer muchas obras de altísima calidad.
En
1937, España se encontraba en plena guerra civil. Revueltas
participó en un viaje a ese país en el marco del II
Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura.
El compositor fue parte de la delegación de la Liga de Escritores
y Artistas Revolucionarios (LEAR), organización de la cual
había sido presidente el año anterior. El compositor
fue compañero de viaje de otros ilustres mexicanos, como
el pintor José Chávez Morado y los escritores Carlos
Pellicer, Octavio Paz y Elena Garro. En España coincidieron
con otros grandes artistas, como Pablo Neruda, León Tolstoi,
Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Pablo Casals y David
Alfaro Siqueiros.

David
Alfaro Siqueiros: El Coronelazo, autorretrato (1945)
Silvestre
dirigió su música en España, visitando diversos
lugares en el frente de batalla. Posteriormente el compositor mexicano
fue a París y solicitó a México ayuda económica
para ir a la Unión Soviética, apoyo que desgraciadamente
no llegó. Se le terminó el dinero y consiguió
regresar a México gracias al ofrecimiento de Paz y Garro
de cambiar sus dos pasajes de clase turista para Nueva York por
tres de tercera en viaje directo a Veracruz.
En
1939, dos años después de su viaje a Europa, Revueltas
fue internado por un tiempo en un hospital psiquiátrico para
rehabilitarse de un episodio alcohólico. Ahí el compositor
escribió su conmovedor Diario del sanatorio. Poco
después, en ese mismo año, Revueltas siguió
dirigiendo y componiendo en un nuevo impulso creador. Pero le quedaba
poco tiempo de vida: Silvestre Revueltas murió en la madrugada
del 5 de octubre de 1940, a causa de una bronconeumonía.
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Silvestre
Revueltas
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