Las composiciones de Carlos Chávez (1899-1978) han sufrido las consecuencias de los actos extramusicales de la figura política de su creador, quien marcó las pautas —estéticas e ideológicas— que siguió la música del nacionalismo oficial mexicano, por lo menos entre 1928 y 1952. En 1928 fue designado simultáneamente director de la Orquesta Sinfónica de México, que encabezó por veinte años; y del Conservatorio Nacional de Música, al frente del cual estuvo cinco. Desde ese doble nombramiento participó muy activamente en la política musical de México, además de permanecer activo como compositor. En 1952 dejó el puesto de director del Instituto Nacional de Bellas Artes, que había dirigido desde su creación cinco años antes.

Palacio de Bellas Artes
Aunque la música de Chávez tuvo amplia difusión durante su vida, actualmente se escucha poco y es raro que se conozca más allá de unos cuantos compases de su Sinfonía india. Es quizás por ello
que frecuentemente se considere que sus obras orquestales ocupen el lugar predominante en su producción musical. Sin embargo, las creaciones más trascendentales de Chávez no sólo están en sus sinfonías y piezas para ballet: su música para piano también tiene gran importancia tanto en calidad como en cantidad.