El surgimiento de los nacionalismos musicales

Hasta el siglo XIX, en todo el continente europeo la música culta había sido dominada por los compositores nacidos en el territorio que hoy ocupan Alemania y Austria (como Bach, Mozart y Beethoven) y, en menor medida, por los de Italia y Francia. Este dominio había sido no sólo en materia musical, sino en algunos casos también en política. Fue así como algunos compositores nacidos fuera de las grandes potencias comenzaron a tomar elementos de sus respectivas naciones para su música.
Federico Chopin, compositor nacido en Polonia en 1810, utilizó ritmos y melodías de su amada patria, que fue dominada por el imperio Austro-húngaro. Recordemos, por ejemplo, sus célebres Polonesas. Otro caso es el de Franz Liszt, nacido en Hungría en 1811, quien también bebió de las fuentes musicales de su país natal. Como ejemplo tenemos sus famosas Rapsodias húngaras.

Sin embargo, Chopin y Liszt no son comúnmente calificados como nacionalistas, pues el término "nacionalismo musical" es generalmente aplicado a las tendencias musicales de la segunda parte del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Tampoco las corrientes nacionales que surgieron en el territorio que hoy ocupa Alemania (iniciando con Weber y concluyendo con Wagner), antes de que fuera un país unificado, son consideradas como nacionalismos ya que, como dijimos antes, entendemos los nacionalismos musicales como fenómenos de reacción ante el dominio musical alemán.
Los nacionalismos musicales europeos más importantes y algunos de sus compositores principales fueron: Rusia con Glinka y el grupo llamado de "Los Cinco" (Balakirev, Borodin, Cui, Mussorgsky y Rimsky Korsakov); Checoslovaquia con Dvorak y Smetana; Noruega con Grieg; Finlandia con Sibelius; Inglaterra con Elgar y Holst; España con Pedrell, Albéniz, Granados y Falla; y Hungría con Bartok y Kodaly.


Federico Chopin

 

 

 


Antonin
Dvorak

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