Por Jesús Herrera

 

Eduardo Hernández Moncada fue un compositor mexicano que nació en 1899, el mismo año que Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, y murió en 1995. Fue un músico completo: además de ser compositor fue un excelente pianista y director de orquesta. Hizo una gran labor en la difusión de la música en nuestro país. Colaboró en ópera, cine, teatro y ballet. Se interesó mucho por la enseñanza, y a ella le dedicó una buena parte de su tiempo. Hernández Moncada fue un músico muy disciplinado y trabajador. Nació en una familia con pocos recursos económicos, por lo que no pudo hacer viajes al extranjero como otros de sus colegas, por ejemplo Chávez y Revueltas. Además de su formación académica tuvo que preocuparse por obtener medios para subsistir. Hernández Moncada estuvo dotado de un especial sentido del humor. Compuso obras notables y participó de manera intensa y trascendente en el desarrollo musical de México, particularmente de 1930 a 1970.



De Xalapa a México

Eduardo Hernández Moncada nació en Xalapa, en el seno de una modesta familia de músicos, así que recibió educación musical en casa. Su padre murió cuando él era adolescente, en plena época revolucionaria, Eduardo salió a trabajar en un rancho cafetalero, propiedad de la familia, que se encontraba a dos días de viaje a caballo desde Xalapa. Esta experiencia se reflejaría muchos años más tarde en las composiciones del músico veracruzano. Al regresar a su ciudad natal, Hernández Moncada formó un grupo para musicalizar funciones de cine. Allí lo conoció un médico y músico aficionado, quien animó al futuro compositor, lo apoyó económicamente, y finalmente lo mandó a estudiar a México.


En 1918, ya en la capital del país, el músico xalapeño encontró trabajo como pianista de cine y se inscribió en el Conservatorio Libre, donde estudió con el distinguido maestro Rafael J. Tello. Cuando Eduardo presentó su examen de séptimo año de piano, su maestro le presentó dos opciones para su carrera: dedicarse al concertismo o ser un músico completo: ser pianista hábil, buen acompañante, formar parte de grupos musicales serios e incluso dirigirlos o, como decía el maestro Tello, "ser un músico que sirva lo mismo para un barrido que para un fregado."

En parte por su condición económica y en parte por vocación, el xalapeño decidió ser un músico completo. Hacia el final de su vida, Hernández Moncada se refirió a la frase de Tello con su característico buen humor: "las palabras de mi maestro resultaron proféticas: barrí muchísimo y me fregué enormidades."

En 1925 Eduardo Hernández Moncada contrajo matrimonio. Al año siguiente, en su trabajo como pianista y director de un cine conoció a Carlos Chávez, quien había llegado a laborar también en el mismo lugar. Entre Hernández Moncada y Chávez se fueron creando lazos de amistad y respeto mutuo.


Hernández Moncada y Chávez, en Nueva York (1940)


Hernández Moncada y la orquesta

En 1929, Carlos Chávez invitó a Eduardo Hernández Moncada a incorporarse como pianista a la recién formada Orquesta Sinfónica de México. Esta orquesta fue de gran relevancia durante esa época, e impactó de manera profunda al desarrollo musical de México en ese tiempo. Chávez invitó también a Silvestre Revueltas, quien fungió como subdirector de la orquesta hasta 1936, cuando se separó de la institución. Fue Hernández Moncada quien ocupó entonces la subdirección de la orquesta. Se ocupaba de llevar la batuta en muchos ensayos y en algunos conciertos.

En aquel entonces, el gobierno daba un fuerte apoyo al arte (recordemos el apoyo al muralismo en la pintura y al mismo Chávez en la música), que debía ser destinado al pueblo. Era arte masivo, donde se prefería el mural sobre la pintura de caballete. Así también se prefería la orquesta sinfónica sobre cualquier otro instrumento, pues tenía un alcance mucho mayor. Así, se adaptaban para la orquesta obras originalmente escritas para piano u otros instrumentos o combinaciones de ellas. Una de las labores de Hernández Moncada en la Orquesta Sinfónica de México fue hacer estas adaptaciones. Esto le trajo consecuencias muy positivas al compositor xalapeño, pues fue conociendo de manera práctica cómo escribir para la orquesta.

.....

Diego Rivera: Tierra y Libertad (fragmentos) (Palacio Nacional 1929-1935)

En 1939, la Dirección General de Bellas Artes decidió producir un espectáculo de Teatro de Revista, que se llamó originalmente Upa y Apa y posteriormente Mexicana, que sería representada en México y en Nueva York. Colaboraron artistas como Xavier Villaurrutia, Julio Bracho, Carlos Mérida y Agustín Lazo. La música estuvo a cargo de compositores "cultos" como José Rolón, Silvestre Revueltas, Candelario Huízar y Blas Galindo, al lado compositores "populares" como Tata Nacho, Alfonso Esparza Oteo y otros más.

La obertura del espectáculo fue escrita por Hernández Moncada, quien también dirigió las primeras presentaciones en Nueva York. Muchos años más tarde, la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional tocó la obertura del compositor veracruzano con el título de Bajío. En 1940 Eduardo regresaría a Nueva York a dirigir una serie de conciertos de música mexicana en el Museo de Arte Moderno, para la exposición 20 Siglos de Arte en México.

A la Orquesta Sinfónica de México, que gozaba de gran prestigio internacional por su alta calidad de ejecución, llegaban directores huéspedes, que eran músicos destacados de diferentes países. Otra de las labores de Hernández Moncada era asistir a estos directores en el trabajo con la Orquesta. Así, personalidades como Leopold Stokowsky, Aaron Copland, Otto Klemperer e Igor Stravinsky llevaron temporalmente la batuta de la Sinfónica de México. Este último, director y compositor ruso, autor de El pájaro de fuego y de La consagración de la primavera le tomó bastante aprecio a Eduardo.

Stravisky dirigiendo


Una sinfonía, en su acepción más común, es una composición para orquesta que sigue ciertos principios formales de manera más o menos estricta. Algunos de los compositores más famosos por sus sinfonías fueron Haydn, Mozart, Beethoven, Schumann y Brahms. Abordar la composición de una sinfonía es algo que requiere mucha preparación y no puede tomarse a la ligera. Pero para Hernández Moncada, llegó el momento en que se encontró listo para escribir su Primera Sinfonía, que fue estrenada en 1942.

Esta obra se compone de cuatro partes, o movimientos. El tercer movimiento, de carácter jovial y ligero, es música sinfónica pura, sin citas o remembranzas de música popular. En el cuarto movimiento, por el contrario, sí hay indicios de mexicaneidad. Tiene, por ejemplo, motivos rítmicos que sugieren el huapango. La Primera Sinfonía de Hernández Moncada tuvo gran éxito en su primera ejecución, pero tristemente no ha sido programada regularmente por las orquestas. La única grabación que existe data del año siguiente a la muerte del compositor.

En 1943, Hernández Moncada dejó la Orquesta Sinfónica de México y se dedicó a múltiples actividades musicales. Pero continuó trabajando como director, a menudo en la ópera y también dirigiendo música sinfónica. En 1948 fue director de la Orquesta del Conservatorio, que fue antecedente, junto con la Orquesta Sinfónica de México, de la actual Orquesta Sinfónica Nacional. Años más tarde, en 1960, fue nombrado director de la Orquesta de Alumnos del Conservatorio Nacional.

 


Eduardo Hernández Moncada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

siguiente