La llegada de un nuevo virrey a Nueva España era un acontecimiento de la mayor importancia a principios del siglo XVII. Para recibirlo, se hacían grandes festividades desde el lugar donde tocaba tierras americanas, en el puerto de Veracruz, hasta su arribo a la ciudad de México, donde habría de establecerse.
En 1612, Diego Fernández de Córdoba llegó a Veracruz como virrey de Nueva España, nombrado por el rey Felipe III. De camino a la capital y siguiendo la ruta acostumbrada pasó por Puebla, ciudad de reciente fundación pero que ya tenía gran riqueza. El maestro de capilla de la catedral de Puebla, Gaspar Fernandes, compuso una serie de piezas musicales que se cantaron en su honor. En este artículo podrá escuchar un poco de la música con la que se honró en la ciudad de Puebla al virrey Fernández de Córdoba.
El imperio donde nunca se pone el sol
A principios del siglo XVII, Felipe III ocupaba el trono de España, que entonces era la primera potencia mundial. Por la extensión de sus territorios se le llamaba "el imperio donde nunca se pone el sol", pues comprendía posesiones en Europa, América, África, Asia y Oceanía. La cultura española se encontraba en su apogeo en lo que se denominó "el Siglo de oro"; destacaban Miguel de Cervantes en la literatura, El Greco en la pintura y Tomás Luis de Victoria en la música, por dar algunos ejemplos de artistas ilustres de aquella época.

Felipe III
Había territorios del imperio tan vastos y tan alejados de España, que se designaban virreyes para que gobernaran en representación del rey. En América, el virreinato de la Nueva España comprendía desde Norteamérica hasta Guatemala (más los territorios de Filipinas) y el virreinato del Perú abarcaba desde Panamá hasta la Tierra del Fuego. Ante tales extensiones de tierra, llenas de riquezas, es fácil comprender la importancia de los virreyes novohispanos.

Territorios que fueron parte
del Imperio Español en algún momento