Jesús Herrera

 

De niño prodigio a músico innovador

 

Mariano Elízaga (1786-1842) nació en Nueva España: en la antigua Valladolid, hoy Morelia. Desde muy pequeño mostró una gran habilidad frente al teclado. Su padre, maestro de música, cuidó y fomentó el talento de Mariano como Leopoldo Mozart lo había hecho con su hijo. Antes de que Elízaga cumpliera los seis años, apareció una nota periodística en La Gaceta de México que hablaba de "un niño cuya organización de oído y fantasía para las consonancias y modulaciones musicales puede sin hipérbole llamarse monstruosa". Después de eso el jovencísimo Elízaga fue llamado por el virrey Revillagigedo y se trasladó a la ciudad de México para estudiar ahí.

Un año después Mariano regresó a Morelia y estudió con José María Carrasco, el joven organista de la Catedral. De los ocho a los trece años vivió en la ciudad de México para estudiar con Mariano Soto Carrillo, quien era un gran ejecutante de fortepiano. Después regresó a Morelia para trabajar como organista de la Catedral, seguir estudiando y dedicarse a la enseñanza. Entre sus alumnas se contó la señorita Catalina de Huarte, futura esposa de Agustín de Iturbide, quien al consumarse la Independencia se convertiría en emperador de México.


Agustín I de México

De 1822 a 1826 el músico moreliano realizó varias acciones innovadoras para la música en México. En 1822 el emperador Iturbide nombró a Elízaga "Maestro de la Capilla Imperial", quien organizó entonces la primera orquesta sinfónica del México Independiente. A la caída de Iturbide, Elízaga fue igualmente apreciado por el siguiente gobierno. En 1823, preocupado por la enseñanza de la música en el país, escribió el primer libro de didáctica musical impreso en México: sus Elementos de Música. Al año siguiente, y con el apoyo del presidente Guadalupe Victoria, inició la primera sociedad filarmónica mexicana. En 1825 fundó una escuela de música, considerada como el primer Conservatorio del continente americano. Y en 1826, junto con su socio Manuel Rionda, estableció la primera imprenta de música profana en México.

Elízaga en Los bandidos de Río Frío y las tertulias de salón

Manuel Payno (1810-1894), diplomático, estadista, empresario y escritor mexicano, escribió Los bandidos de Río Frío pocos años antes de su muerte. En esta novela Payno reproduce escenas de la vida en México durante el siglo XIX. Uno de los protagonistas de Los bandidos de Río Frío es Relumbrón, un oficial del ejército que llegó a tener una posición privilegiada en el país a partir de que fue nombrado ayudante del Presidente. Con el fin de integrarse a la alta sociedad mexicana, Relumbrón ocultó su origen incierto, se casó con una mujer de una familia acomodada y adoptó costumbres como las "tertulias de salón". En el capítulo XXVII del segundo tomo de Los bandidos de Río Frío, llamado "Algo de la vida íntima de Relumbrón", Payno describe una de estas reuniones sociales en casa del "nuevo rico". Aquí aparece el gran pianista Lorenzo Elízaga en una clara alusión a Mariano, el compositor que ahora nos ocupa, quien en la novela deja de ser un personaje histórico para convertirse en uno de ficción:

 

[...] El gran salón era el que reunía invariablemente los jueves a la familia y a los amigos. Era la pieza más grande y también la más curiosa de la casa. Dos grandes balcones a la calle, dos puertas a los costados que comunicaban a las recámaras y dos enfrente de los balcones, que conducían al interior de la habitación [...] Entre los dos balcones, un piano o forte piano, como se le llamaba entonces; es decir, un instrumento tan bueno como podía encontrarse en México y en Europa [...]

Don Lorenzo Elízaga, no sólo pianista famoso sino compositor distinguido que, exagerando por un espíritu de patriotismo, le llamaban el Rossini mexicano, no faltaba nunca. Era el maestro de Amparo [hija de Relumbrón], la que había hecho progresos tales que, con justo motivo, pasaba por una celebridad. A las diez de la noche el salón estaba completamente lleno. [...]

La entrada del maestro Elízaga era cada jueves un acontecimiento; hombres y señoras se ponían en pie, le estrechaban la mano, le saludaban y le decían tantas y tan afectuosas palabras, como si en años no le hubiesen visto. Era el maestro agradable, de buena figura, hombre de mundo, y correspondía a tanto agasajo con desembarazo y amabilidad, dejando contentos a todos sus amigos. Platicaba y reposaba un rato, y después, sin que nadie le rogase y sin dar a conocer cuánto le agradaban los aplausos de aquella reunión, se ponía al piano y encantaba a los que lo oían, pues poseía una destreza, una dulzura y una propiedad [...] que aun hoy, que tantos y tan insignes pianistas hay en Europa y en América, sería una notabilidad. Generalmente, en lugar de tocar las piezas de música que se usaban en ese tiempo, improvisaba y producía melodías que eran completamente desconocidas.

La música de Elízaga

Mariano Elízaga fue un personaje de gran importancia para la vida musical de México, por lo que desde el siglo XIX aparecieron biografías y apuntes históricos del músico moreliano. De la vida del compositor sabemos mucho, pero desafortunadamente casi toda su música está perdida. Tenemos conocimiento de que una gran parte de su producción fue música religiosa. Además compuso música patriótica: en 1813 escribió una "Canción a Morelos" y en 1827 un himno patriótico que fue publicado en una edición de 4 mil ejemplares. También compuso música profana que apareció publicada en las ediciones de su imprenta. Pero de toda la producción musical de Elízaga sólo conocíamos un arreglo realizado en 1866 de su Misa en La Mayor.

Como aparte de su misa no conservábamos más composiciones suyas, nuestras referencias acerca de la música del moreliano eran escritos de gente que escuchó la música o conoció al compositor, como la Oda a Mariano Elízaga, publicada alrededor de 1840, en la que se compara al músico mexicano con algunos de los grandes compositores del periodo clásico europeo:

De qué modo tus dedos
Presentan a mis ojos
El pensar y sentir del gran Bellini,
De Mozart, de Beethoven, de Rossini...

Hace poco tiempo un afortunado hallazgo nos hizo ponernos en contacto directo con la música de Mariano Elízaga: en 1993 el musicólogo Ricardo Miranda encontró una obra editada en la imprenta de Elízaga, alrededor de 1830, que dice en la portada: Últimas Variaciones del profesor Michoacano D. Mariano Elízaga, que compuso y consagró a la tierna memoria de la señorita Da. G. G. de G.... La obra fue editada en 1994 y grabada en disco compacto en 1999.

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