La memoria histórica es una herramienta esencial para el desarrollo cultural, social, económico y humano de los pueblos.
En esta ocasión, a los habitantes del mundo nos corresponde hacer uso de la memoria con el fin de recordar la historia de España durante 800 años comprendidos entre los siglos VIII y XV. A este periodo histórico de la Península Ibérica se le ha dado el nombre de la España-árabe o Al-andalus. En un sentido estricto, Al-andalus fueron todos los territorios administrados por el Islam que habían formado parte del imperio visigodo: la Península Ibérica, la Septimania francesa y las Islas Baleares. Durante esta época —considerada como Edad de Oro del Islam— Al-Andalus se caracterizó por las obras públicas y arquitectónicas, los prodigios científicos y culturales; pero el elemento que mejor identifica ese tiempo fue el espíritu de tolerancia y respeto.
Cuando el poderío musulmán se extendía de España hasta China (del siglo VIII al XIV), convivían cristianos, coptos, judíos, hinduistas, budistas, entre otros, en un ambiente de libertad. Las creencias de todos ellos eran garantizadas por un estatuto islámico llamado Ahl al-Dhimma o “la gente del pacto”. Ciudades como Sevilla, Córdoba y Toledo fueron sitios emblemáticos de la diversidad y convivencia entre culturas. Hacer alusión a estas sociedades nos esperanza y enseña la posibilidad de compartir espacios de un modo respetuoso y pacífico.