Poesías de

Se han sumergido la luna y las Pléyades, media
noche, pasan las horas , duermo sola.

 

Sola, en alta rama, enrojece ,
alto, en lo más alto, inadvertida a los recolectores.
No, no inadvertida, es que no pudieron alcanzarla.

 

De nuevo, el relajante Amor me perturba.
Rastrero, incombatible, dulceamargo.
Para ti, Atis, es odioso preocuparte
, y revoloteas hacia Andrómeda.

 

Me parece que igual a los
es aquel joven que frente a ti
se sienta y escucha de cerca mientras
amable conversas.

 

. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues ; en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida
que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues .

Amor: zarandea mis sentidos, como el viento
en la montaña acomete a las .


con la hermosura
de las flores de oro.
Cleide, mi encanto.
Por ella yo daría
.

 

No llores, Cleide:
donde se honra a las
no se permiten
, en nuestra casa no sientan bien.


Ver comentarios