Pedro Páramo
Juan Rulfo trabajó en los archivos de Gobernación.
Manejaba el archivo de extranjeros, en el que a veces recibía
órdenes de ocultar algunos expedientes. Ya desde entonces su
trabajo hacía aparecer y desaparecer a muchas personas. Como
en aquel entonces no contaba con muchas amistades se quedaba en las
noches en el archivo a escribir una novela. La novela se titulaba El
hijo del desaliento y trató en vano de publicar algunos
capítulos. Decidió entonces tirar a la basura las trescientas
cuartillas de su malograda novela.
Debido
al fracaso de su primera novela decidió escribir cuentos tratando
de encontrar la forma de Pedro Páramo. Su primera novela
estaba escrita en secuencias, pero Rulfo se había dado cuenta
de que la vida no es una secuencia, por lo que buscó a personajes
muertos que no están dentro del tiempo ni dentro del espacio.
Pedro Páramo es, sobre todo, un gran
ejercicio de depuración. Escribió 250 páginas para
que finalmente quedara en poco más de 150. La práctica
previa del cuento disciplinó a Rulfo para lograr que la voz del
autor desapareciera y dejara a sus personajes hablar libremente.
Aparentemente hay una falta de estructura en la novela.
Rulfo sostuvo que sí hay una estructura construida de silencios,
de hilos colgantes, de escenas cortadas donde todo ocurre en un tiempo
simultáneo que es un no tiempo. La idea también era que
el lector colaborara con el autor y llenara esos espacios. En el mundo
de los muertos, el autor no podía intervenir; pero el lector
sí.
Ante el éxito que había tenido Pedro
Páramo, algunos investigadores estadounidenses fueron a
Jalisco en busca de paisajes, de personajes y rostros que habían
creído encontrado en la novela. Pero los seres que habitan Pedro
Páramo no tienen cara y sólo por sus palabras se
adivina lo que fueron. Como era de esperarse, esos investigadores no
encontraron nada.