Juan Rulfo solamente escribió dos libros; pero esos dos libros,
El llano en llamas(1953), y Pedro Páramo (1955)
bastaron para cambiar por siempre el panorama de las letras en México.
Los
que lo conocieron, dicen que Juan Rulfo era tímido y triste.
También que era un hombre sencillo, que no creía en la
publicidad de la que gustan rodearse algunos escritores.
Le molestaba que le preguntaran por qué no escribía
más y entonces inventaba novelas y decía que estaba escribiendo
para que lo dejaran en paz. Parecía que no les bastaba que hubiera
escrito una de las mejores novelas y uno de los mejores libros de cuento
de las letras españolas.
Aunque en épocas difíciles publicó
guiones cinematográficos para ganarse la vida, en ellos no se
encuentran más que esporádicamente muestras de su gran
estilo. No era un autor que se obligara a escribir algo que no le gustara.
En sus dos obras condensa el misterio y el lenguaje de su pueblo, que
es el lenguaje de la tierra y la pobreza.
Su vida estuvo relativamente apartada de los centros
literarios y de poder. Podía llevar más de 20 años
sin escribir y sus obras seguían mereciendo más notas
y estudios críticos que la de generaciones completas de escritores.
Tan molesta le era la fama, que se dice que Juan Rulfo
desarrolló una técnica para evitar a periodistas y entrevistadores.
Estudiaba los planos de los hoteles en los que se hospedaba y buscaba
rutas alternas, de esta manera escapaba por elevadores de servicio o
cruzando cocinas.
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