El Ulises Criollo
Presidente del Ateneo
(fragmento)
Los amigos del Ateneo me nombraron su presidente para el primer año maderista. No por homenaje sino en provecho de la institución, cuya vida económica precaria yo podría aliviar. Además, podría asegurarle cierta atención del nuevo gobierno. Y no volví a llevar trabajos a las sesiones, sino que incorporé a casi todos los miembros del Ateneo al nuevo régimen político nacional. Con este objeto se amplió el radio de nuestros trabajos, creándose la primera Universidad Popular. Para fomentarla se unieron a nosotros algunos políticos que así se ligaban al partido gobernista. Para otros fue la Universidad Popular una ocasión más de acercamiento al medio oficial. Tal fue el caso de Panci, que intimó conmigo hasta que logré colocarlo con Pino Suárez. Llegaba este último a la capital sin conocimiento alguno del medio y Panci pudo servirle de auxiliar discreto, dado que se había rozado con el viejo régimen [...]
.......Las sesiones en el Ateneo concluían cada viernes en un restaurante de lujo. Ya no era el cenáculo de amantes de la cultura, sino el círculo de amigos con vistas a la acción política. Antonio Caso fue quizá el único que no quiso mezclarse en la nueva situación. Se proclamaba, más que nunca, porfirista. Colaboraba, sin embargo, en todo lo que significaba esfuerzo cultural. Durante este año de mi gestión recibió el Ateneo a varios conferencistas extranjeros, como Pedro González Blanco Y José Santos Chocano. Anteriormente la Universidad no invitaba sino a profesores de Norteamérica. [...] Nosotros iniciábamos en el Ateneo la rehabilitación del pensamiento de la raza. Madero, por su parte, en el orden diplomático, rompía el precedente porfirista: "Un buen embajador en Washington: el resto del Cuerpo Diplomático sale sobrando." [...]
.......En vano recordábamos al público que Porfirio Díaz no dejó llegar a la capital ni al propio Darío por temor de que el recuerdo de su Oda a Roosevelt provocase un gesto adverso en los Estados Unidos. Aquellos porfiristas que tomaban a Ugarte como bandera contra nosotros sabían de sobra que su jefe no lo hubiera dejado desembarcar. A pesar de todo esto, firmé y repartí, como presidente del Ateneo y de acuerdo con el personal del mismo, invitaciones para una sesión que habría de celebrarse en honor de Ugarte y de González Blanco. La inclusión de este último no agradó y la sesión hubo de aplazarse. Lo que aprovecharon los diarios para volver a la carga, ahora contra mí..."
Castro Leal, Antonio: La novela de la Revolución Mexicana, Tomo II. México, SEP/Aguilar, 1988. 