No
debía proponerse la cuestión sino así: ¿por
qué no ha sido ya libre la Nueva España desde1808
en el absoluto trastorno que padeció la monarquía,
y se fue a pique la antigua España? ¿Cómo
no lo es todavía es la actual impotencia de los españoles?
Su marina se reduce a dos navíos de línea y cinco
fragatas. Un rey de Berbería tiene más. Su erario
es ninguno; la pobreza es general y espantosa; para cubrir las
deudas ha echado mano de los bienes de las órdenes monacales,
militares, canonices y hospitalarias. Por haber querido Fernando
VII enviar el año pasado algunas pocas tropas contra Buenos
Aires, perdió la autoridad absoluta. Si las Cortes intentasen
otro envío, se perderían con la Constitución,
contra la cual no cesa de conspirar.
Sólo en la absoluta ignorancia de los pueblos, y en una
opresión tan feroz como poderosa cabe el mantener atado
a un rincón miserable de la Europa, distante dos mil leguas
de océano, un mundo sembrado de oro y plata con las demás
producciones del universo. En la ilustración y liberalidad
del día, España misma ha desesperado de conservar
las Américas. Las considera ya como perdidas y ha abandonado
el timón a sus mandarines subalternos, que andad como pueden
haciéndonos por acá una guerra de intriga. Y la
América del Sur está libre casi toda.
¿Por qué no lo está la del Norte? Por la
ignorancia, inexperiencia y ambición de los que se han
puesto a la cabeza del movimiento. Ellos no han conocido, que
para salvar un Estado es absolutamente necesario establecer un
centro de poder supremo; que este poder ha de ser un cuerpo civil
para que represente a la Nación; y que es menester, al
cabo, que este poder contrate alianzas y auxilios con otras potencias
que reconozcan su independencia. Sin estas tres cosas la libertad
no se consigue, se sella la servidumbre, se desuela la patria.
Fragmento Historia de la Revolución
de la Nueva España