En 1920 retomó la vida diplomática, fue encargado de negocios en España, ministro en Francia y embajador en Argentina y Brasil: así se mantuvo diecinueve años viviendo fuera de México. A su regreso, en 1939, y ya retirado del servicio diplomático, fue nombrado presidente de la Casa de España en México —actualmente Colegio de México— , miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y catedrático fundador del Colegio Nacional.

Felipe Garrido comenta: “Quizá cuando pensamos en Alfonso Reyes lo primero que se nos ocurre es él como ensayista y, por supuesto, la cantidad y calidad de ensayos que escribió le han dado un lugar insustituible como hombre de letras, aunque siempre he pensado que si sólo nos quedáramos con su obra poética seguiría siendo un escritor fundamental del siglo XX. Reyes era un poeta de muchas voces: en cierto momento predomina en él la voz “tradicional”, muy cercana a la que da forma a la poesía española; otras se escuchan voces cercanas a las tendencias europeas o norteamericanas que representaban la vanguardia en aquel entonces; en algunas más está el eco clásico y también aquella que no tiene intención de seguir caminos tradicionales y que se acerca mucho a la prosa”.


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