En
1913 se tituló como abogado por la Facultad de Derecho
de México; en ese mismo año ingresó al servicio
diplomático y fue adscrito a la Legación de México
en París. Un año más tarde fue suspendido
por motivos políticos: la Revolución se había
consumado. Con afán de alejarse partió a España
y se instaló en Madrid, donde se relacionó con personajes
distinguidos de las letras de aquella nación, se dedicó
cien por ciento a la literatura y el periodismo, publicó
diversos ensayos sobre la poesía del siglo de oro español
como “Barroco” y “Góngora”, y trabajó
en el Centro de Estudios Históricos de Madrid que entonces
dirigía Ramón Menéndez Pidal.
Evodio Escalante dice de Alfonso Reyes: “Fue un escritor
precoz. Desde muy joven escribía ensayos de un gran nivel,
quizá por la amplia y vasta formación literaria
que tuvo al lado de su padre, que además de ser un político
y militar destacado, era un hombre culto y cercano a los grandes
personajes literarios de su época. En algunos textos Reyes
rememora las comidas organizadas por su padre a las que asistía,
entre otros, Manuel José Othón
—figura cumbre de
la poesía y el modernismo mexicanos— ; por supuesto, uno
de los primeros trabajos que hizo fue un ensayo sobre aquel poeta”.
Alfonso Reyes fue uno de los primeros hombres de letras en estudiar
la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz. Todavía
en España, en 1917, Alfonso Reyes escribió ensayos
muy destacados como “Cartones de Madrid”,
“El suicida” y “Visión
de Anáhuac” —considerado uno de sus
textos más importantes— ; sobre éste último,
Felipe Garrido comenta: “El ensayo presenta un panorama
del Valle de México desde que es descubierto por los conquistadores
españoles hasta los primeros años del siglo XX;
teniendo como hilo conductor el valle, narra diversos acontecimientos
históricos relacionados con el México prehispánico,
colonial, independiente, de la Reforma y revolucionario.

