| A Gloria (fragmento)
No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.
[...] A través de este vórtice que crispa,
y ávido de brillar, vuelo o me arrastro,
oruga enamorada de una chispa
o águila seducida por un astro.
[...] Fiado en el instinto que me empuja
desprecio los peligros que señalas:
"El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas".
[...] El mal es el teatro en cuyo foro
la virtud, esa trágica, descuella:
es la sibila de palabra de oro,
la sombra que hace resaltar la estrella.
[...] ¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate. 1
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El fantasma
Blancas y finas, y en el manto apenas
visibles, y con aire de azucenas,
las manos
—que no rompen mis cadenas.
Azules y con oro enarenados,
como las noches limpias de nublados,
los ojos
—que contemplan mis pecados.
Como albo pecho de paloma el cuello,
y como crin de sol barba y cabello,
y como plata el pie descalzo y bello.
Dulce y triste la faz; la veste zarca...
Así, del mal sobre la inmensa charca,
Jesús vino a mi unción, como a la barca.
Y abrillantó a mi espíritu la cumbre
con fugaz cuanto rica certidumbre,
como con tintas de refleja lumbre.
Y suele retornar, y me reintegra
la fe que salva y la ilusión que alegra;
y un relámpago enciende mi alma negra. 2
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