 Es
a partir de 1875 cuando los escritores mexicanos Manuel José
Othón y Salvador Díaz Mirón publican sus primeros
poemas y más aún cuando en 1884 Manuel Gutiérrez
Nájera da a conocer “La duquesa Job”, que la
poesía mexicana no sólo se adhiere al movimiento,
sino que contribuye a la mayor renovación que pudo darse
en la literatura en lengua española desde el Siglo de Oro:
el Modernismo. Luis Miguel Aguilar dice: “hay una manera habitual
de referirse al Modernismo; se dice que surgió como una rebelión
contra las formas poéticas previas, como una negación
de la otra poesía. Esto no es extraño de suponer,
ya que el Romanticismo del siglo XIX fue una reacción ante
el Neoclasicismo del XVIII; sin embargo, el Modernismo —más
que una negación o confrontación con lo anterior—
fue una afirmación en la apertura y la inclusión”.
.....El Modernismo retomó
diversos elementos de otros movimientos literarios anteriores; de
hecho, para los investigadores resulta difícil encontrar
una división entre los últimos románticos y
la primera generación modernista. Asimismo, se dice que el
principal elemento que diferencia al movimiento modernista de los
otros es el culto a la forma poética limpia, ajena a lugares
comunes. Luis Miguel Aguilar continúa: “el Modernismo
no acabó con el Neoclasicismo ni con el Romanticismo sino
que los incluyó, los puso en el hoy; es decir, los sacó
de su tiempo para ubicarlos en el futuro y mostrarlos vigentes.
Para los modernistas todo era tan actual y tan viejo, tan universal
o local como el autor lo decidiera; esta actitud abierta fue la
lección sin intención que nos heredó el movimiento
literario modernista”.
|