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.....El
simple hecho de que todo el grupo enemigo de Carranza se acogiese
al arrimo militar de Villa podía interpretarse ya, si no
como el anuncio de nuestra derrota futura, sí como la expresión
del conflicto interno que amenazaba al impulso revolucionario
en sus más nobles aspiraciones. Porque Villa era inconcebible
como bandera de un movimiento purificador o regenerador, y aun
como fuerza bruta se acumulaban en él tales inconvenientes,
que su concurso suponía mayores dificultades y riesgos
que el del más inflamable de los explosivos. Mas siendo
esto verdad, también lo era que sólo los elementos
militares dominados por él quedaban disponibles para venir
en auxilio de nuestras ideas. El otro gran ganador de batallas,
Obregón (Ángeles, sin tropas propiamente suyas sumaba
su destino al de Villa), se desviaba ya por la senda de los nuevos
caudillajes. De modo que, para nosotros, el futuro movimiento
constitucionalista se compendiaba en esta interrogación
enorme: ¿sería domeñable Villa, Villa que
parecía inconsciente hasta para ambicionar?, ¿subordinaría
su fuerza arrolladora a la salvación de principios para
él acaso inexistentes o incomprensibles?
......Porque tal era el dilema: o
Villa se somete, aun no comprendiéndola bien, a la idea
creadora de la Revolución, y entonces él y la verdadera
Revolución vencen, o Villa no sigue sino su instinto ciego,
y entonces él y la Revolución fracasan. Y en torno
de ese dilema iba a girar el torbellino revolucionario llegada
la hora del triunfo.
Guzmán,
Martín Luis: Obras completas I.
México, Fondo de Cultura Económica, tercera edición,
1995.