Texto basado en el video:El lector novohispano, ILCE/Ediciones Cal y Arena, México, 1997.
Introducción
Lo primero que debemos considerar es que en la Nueva España no había una cultura alfabetizada sino oral. La literatura letrada, la literatura escrita, fue siempre excepcional y tenía que ver fundamentalmente con la Corte o con la Iglesia: buena parte de lo que ahora consideramos literatura y tema de la escritura quedaba fuera. Quedaba sujeto más bien a otro tipo de cultura, de ceremonias, de conversaciones, de canciones.
.....Dentro del angosto nicho —conformado por una cultura conventual o burocrática o unida a la necesidades del poder—, surgió una enorme cantidad de escritos, que tenían a veces un fin utilitario y ahora lo vemos con finalidades estéticas. Eso sobre todo está presente en crónicas, cartas y testimonios.
.....También se dio una enorme producción libresca, con fines religiosos, que ahora disfrutamos como una manera de ver el mundo a través de canciones, obras de teatro autos sacramentales, etcétera; que en su momento tenían una visión estética religiosa y ahora son vistos como un testimonio de su tiempo.
.....Paralelamente a estas dos grandes manifestaciones, se dio una literatura más parecida a la contemporánea: una literatura de placer, de imaginación, de esparcimiento, pero de una manera más restringida y mucho menos exitosa.
.....En estos tres siglos de virreinato, como vemos, se produjo muchísima literatura; más de la que podríamos suponer. Pero sobresalen seis figuras que son tan importantes como las más distinguidas de cualquier literatura de ese tiempo:
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