Existen, desde tiempos muy remotos, relatos que nos hablan sobre uno de los eternos sueños del ser humano: volar. Innumerables tradiciones y mitos bastante conocidos nos hablan sobre cómo fueron imaginados estos primeros momentos en que el hombre pudo imitar el vuelo de los pájaros.

Sin embargo, hubo hombres que fueron más allá; y que cuando observaron el cielo no se contentaron con imaginar que volaban en él. Su objetivo fue alcanzar las estrellas: esos puntos luminosos que veían de noche, y que cuando supieron que eran mundos similares a el suyo sintieron deseos de viajar hasta ellos para explorarlos.

Ante las imposibilidades técnicas de otras épocas, los viajes fueron hechos de papel e impulsados con tinta. Una vez más los escritores se volvieron visionarios y la literatura inspiró a la ciencia. Estos viajes a mundos exóticos, a la luna u otros cuerpos celestes, fueron aprovechados en muchas ocasiones por sus autores para criticar a la sociedad de su época.

La tradición y las producciones literarias de diversos pueblos nos hablan de intentos de llegar a otros mundos. Los hindúes nos narraron en el Bagavata, en los Veda y en el Ramayana sobre viajes celestes efectuados mentalmente por los yoguis. Príncipes persas cabalgan por los cielos sobre un caballo de madera, mientras que el mandarín chino Van Gu se monta en un carro movido por cohetes para elevarse hacia las esferas celestes.


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