La cirugía reconstructiva aplicada a la implantación de manos es, sin duda, un alarde técnico en el que confluyen esfuerzos de muchísimas personas. Evidentemente conlleva altos costos en investigación y desarrollo, así como en adiestramiento médico. Llegará el día en que técnicas como ésta dejen de ser experimentales y se conviertan en procedimientos más o menos comunes, puestos a disposición de aquellos que quieran y puedan pagarlo.

Avances como estos no pasan inadvertidos: mueven siempre al asombro, pero convencidos de que la medicina busca una mejor calidad de vida para los más posibles. En el futuro veremos con agrado e igual sorpresa que este tipo de procedimientos estarán al alcance de los que hoy los necesitan, pero no pueden pagarlo. Nos alegraremos cuando parte de estos progresos -materiales, técnicas quirúrgicas, medicamentos y dispositivos- puedan ayudar a quienes padecen problemas más simples, pero no por ello menos dolorosos.

Sería magnifico un mundo en el que las deformidades pudiesen ser, si no corregidas en su totalidad, al menos mitigadas. No se trata nada más de recuperar funcionalidad, es también la recuperación de la autoimagen. Un espléndido comodín bajo la manga que repare también la sensación de ser una persona rota y fracturada.


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