Texto: Ramón Cordero
Diseño: Catherine Zúñiga
Imagine la desesperación
que conlleva tener un accidente y perder una mano. Saber que está
ahí, pero que ya no forma parte de uno. Accidente en el que,
con algo de suerte, continuará la vida; pero con un cuerpo fragmentado,
que no volverá a ser el mismo.
Efectivamente, hay
reimplantes que a veces resultan relativamente sencillos cuando el órgano
afectado es poco complejo. Tal vez ése podría ser el caso
de una oreja. Una mano completa es otra cosa, ya que no se trata de
colocarla nada más en su sitio original: es una estructura tan
complicada y llena de detalles que, aun en el caso de lograr salvar
el órgano, probablemente perdería mucho de su función.
La medicina es una
especialidad que desde hace algunos años trata de estar en las
"ligas mayores". Con los avances alcanzados, ahora puede dedicar
muchos esfuerzos para tratar de resolver problemas realmente complicados.
Salvar pacientes es
un trabajo importante; pero también mejorar la calidad de vida
de quienes han sufrido accidentes graves, o de aquellos que han padecido
enfermedades que provocan deformidad y pérdida de función
en ciertos órganos. La cirugía plástica reconstructiva
y la técnica de trasplantes tienen cada vez mayor importancia
y un desarrollo que se ha combinado con el trabajo de distintas especialidades.
Como cualquier buen
jugador de póquer, la cirugía reconstructiva mantiene
tres ases bajo la manga; tres posibles caminos para hacer frente a distintas
situaciones en las que se hace necesaria su intervención para
reponer o sustituir tejidos:
El primero de los
ases es trabajar con partes del mismo paciente. Un ejemplo de ello
es cuando se requiere de tejido óseo (hueso), y para ello se
toman fragmentos de la cadera de la propia persona. Esto reduce al
mínimo el riesgo de reacciones de rechazo.
El segundo as lo
constituyen las partes u órganos provenientes de un individuo
diferente. El principal problema es que con mucha frecuencia el cuerpo
reacciona defendiéndose de aquella parte que detecta como extraña
y hace lo posible por deshacerse de ella, lo que se conoce comúnmente
como "rechazo". Los pacientes operados en este esquema,
por lo general deben consumir medicamentos que bajen las defensas
corporales por el resto de la vida. Sí, se gana un órgano;
pero también quedan más susceptibles a ser víctimas
de otras enfermedades infecciosas, ya que se mantienen en un bajo
nivel las respuestas defensivas del organismo.
El tercer as, el
maestro, tiene que ver con el diseño y fabricación de
partes o "refacciones" artificiales. En este caso se busca
la obtención de materiales inertes, es decir, que no produzcan
reacciones de rechazo y que tampoco se deterioren con el tiempo.
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