La tumba francesa es una combinación de danza, canciones y tambores que representa la herencia afro-haitiana que existe en la provincia oriental de Cuba. Es una fusión del siglo XVIII de tradiciones francesas de danza popular con música de la región Daomean en África occidental. La tumba francesa llegó a Haití por medio de esclavos haitianos que se asentaron en el oriente cubano tras las revueltas de 1792. Esta tradición se manifestó por primera vez a principios del siglo XIX en las plantaciones de café cercanas a Santiago y a la isla de Guantánamo. Como consecuencia de la abolición de la esclavitud en 1886, resultó una migración de esclavos que buscaron trabajo en las áreas urbanas y, con ello, la tumba se manifestó en diversas ciudades del este de la isla. Esta manifestación cultural representa la mezcla entre tradiciones afro-haitianas y europeas, que a su vez han definido la cultura cubana.

Las representaciones de la tumba francesa suelen iniciar con un solo en español o en francés, seguidos por un instrumento largo de madera llamado catá, cuyo ritmo lo alcanzan tres tambores que tienen el nombre de tumbas. Estos tambores son hechos a mano con una sola pieza de madera hueca y se ornamentan con motivos labrados y pintados. Hay un mayor de plaza que dirige a los danzantes que, al igual que el coro, está compuesto en su mayoría por mujeres. Éstas llevan un vestuario del periodo colonial con pañuelos de colores de origen africano. Los cantantes mantienen el ritmo con cascabeles de metal llamadas chachás. Las canciones tienen una duración de 30 minutos aproximadamente, mientras los bailes se alargan toda la noche.

 

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