Realidad
e irrealidad en el Guernica
El
Guernica está pintado en blanco y negro, con una gama
de grises y algunos toques azulados. No vemos sangre ni se nota una
diferencia entre fuego y luz, entre los vivos y los muertos. El mundo
aparece como un contraste dramático entre la luz y la oscuridad.
Esta ausencia de color intensifica el drama y al mismo tiempo crea
un vínculo entre esta imagen artística y las fotografías
que publicó la prensa internacional de la destrucción
de Guernica. También recuerda a los noticiarios cinematográficos
de los años treinta, que se proyectaban antes de las películas.
Para cualquier espectador de 1937 una imagen en blanco y negro lo
remitía más a la realidad objetiva, la del fotoperiodismo,
que cualquier imagen en colores.
La imagen de "realidad"
del blanco y negro entra en tensión con la "irrealidad"
del lenguaje cubista que Picasso usó para pintar el Guernica.
El cubismo era el más radical de los modos de expresión
artística utilizados hasta entonces por Picasso, y por ello
el Guernica expresa modernidad. Sin embargo, el cubismo también
puede ser un medio para comunicar la idea de que en la guerra los
objetos y las personas se quiebran abruptamente con el bombardeo,
con la metralla, con el dolor. Asimismo, la simplificación
geométrica del cubismo fue usado por las técnicas publicitarias
y de carteles políticos. En este sentido, el Guernica
es como un gran cartel, un medio de comunicación de masas,
un ejemplo de arte político.


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