Clara
tuvo una gran fortaleza espiritual que le permitió soportar una vida
dura como artista y llena de tragedias en el ámbito personal, como
la separación de sus padres, la muerte prematura de varios de sus
hijos y el intento de suicidio y la posterior muerte de su esposo. Pero
también tenía también algunas inseguridades. Como compositora,
por ejemplo, dudaba de su talento, sin importar que fuera evidente. No se
consideraba bella físicamente, a pesar de que nos consta que era
una hermosísima mujer. E incluso como pianista, después de
escuchar a Liszt -quien, por cierto, la admiraba y la reconocía como
gran pianista y compositora- pensaba que, si bien tocaba mejor que las mujeres
pianistas de la época, no tenía nada que hacer frente al virtuoso
de origen húngaro.
Como hemos visto, Clara no era precisamente una mujer
"feminista". Sin embargo, fue una mujer fuera de serie en muchos
aspectos. En aquel entonces, era frecuente encontrar "niñas
prodigio" que tocaban muy bien obras de gran dificultad y conquistaban
al público amante de la música. La mayoría de estas
jóvenes, cuando llegaban a cierta edad, dejaban el concertismo
y se dedicaban al hogar, a dar clases o a otras actividades musicales,
alejadas de los escenarios. A diferencia de estas mujeres, la carrera
de Clara continuó en los más altos niveles profesionales
hasta pocos años antes de su muerte. Realizó alrededor de
cuarenta giras de conciertos por el continente europeo y en todos lados
era recibida con los más altos honores. Fue una profesional en
el sentido económico también: cobraba dignamente, igual
que los otros virtuosos de la época, pues fue por mucho tiempo
el único soporte
de la familia.
Los inicios de una virtuosa
Clara fue la hija menor de Friedrich Wieck y Marianne
Tromlitz. Su padre era un reconocido maestro de piano y tenía un
negocio de venta de partituras y de pianos. Su madre era una renombrada
cantante y pianista. Su padre planeó para Clara una vida de concertista.
Se preocupó por darle una formación completa, desde muy
niña, con los mejores maestros disponibles: además de piano
estudió canto, violín, instrumentación, contrapunto
y composición. Friedrich le inculcó a su hija una férrea
disciplina y actuó como su agente promotor para conseguirle presentaciones
en Europa. Dio su primer recital en la Gewandhaus de Leipzig -una sala
de conciertos de gran renombre hasta nuestros días- a los 11 años
y al año siguiente se fue de gira a París, con bastante
éxito. Ese mismo año, se publicó en Alemania una
obra de Clara titulada Cuatro polonesas para piano. Dos años
más tarde, en 1833, comenzó la composición de un
concierto para piano, que terminó en 1835 y fue publicado en 1837.
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