El 17 de diciembre de 1790, 231 años después, se re-descubrió
la Piedra, la cual "casi tocaba la superficie de la tierra, la
que se veía por encima sin labor alguna, pero en la parte de
abajo que asentaba en la tierra, se descubrían varias labores".
Se encontró "á solo media vara de profundidad,
y en distancia de 80 al poniente de la misma segunda puerta del real
palacio, y 37 al norte del portal de las Flores (..)10
.
El hallazgo se produjo cuando se estaba igualando el suelo de la
Plaza Mayor y construyendo tarjeas para conducir las aguas subterráneas.
Unos meses antes había sido desenterrada la Coatlicue, deidad
de la tierra que volvió a ver la luz un 13 de agosto, el mismo
día 1-Serpiente, en que, en el año 3-Casa, 1521, los
tenochcas vieron muertos a sus dioses y bajaron su escudo en la ciudad
devastada por los conquistadores españoles.
La Piedra del Sol permaneció expuesta al público, sin
custodia alguna hasta el 12 de enero de 1791 cuando se entregó
de manera verbal a los comisarios de catedral para "que se pusiese
en parte pública donde se conservase siempre como un apreciable
monumento de la antigüedad indiana".
La Coatlicue pasó un tiempo afuera de la puerta que es hoy
acceso al Patio de Honor de Palacio Nacional, fue colocada después
en una de las esquinas del patio de la Universidad, entonces en la
calle de Moneda, pero los frailes decidieron sepultarla allí
mismo por considerar que despertaba un "fanático entusiasmo"
entre los indígenas por contemplar las obras de sus ascendientes:
"Espiaban los momentos en que el patio estaba sin gente, en particular
por la tarde, cuando al concluirse las lecciones académicas
se cierran á una todas las aulas. Entonces, aprovechándose
del silencio que reina en la morada de las Musas, salían de
sus atalayas é iban apresuradamente a adorar a su Diosa Tayaomiqui.
Mil veces, volviendo los védeles de fuera de casa y atravesando
el patio para ir á sus viviendas, sorprendieron á los
indios, unos puestos de rodillas, otros postrados (...) delante de
aquella estatua, y teniendo en las manos velas encendidas o algunas
de las varias ofrendas que sus mayores acostumbraban presentar a los
ídolos." 11
La desenterraron en 1803, sólo para que Alejandro de Humboldt
estudiara la enigmática pieza y la volvieron a cubrir, hasta
que, consumada la Independencia en 1821 se integró a la primera
colección expuesta del México antiguo.
Pocas
naciones han movido masas mayores que los mexicanos. 12
La Piedra del Sol, pasó de inmediato a ocupar un lugar entre
los símbolos que eligió la colonia para engrandecer
su conquista de la Nueva España, para demostrarle a Europa
la grandeza y sabiduría del pueblo sometido. El 16 de agosto
de 1791 el virrey Revillagigedo decretó se tomaran las medidas
necesarias para garantizar su perpetua conservación como parte
de los "monumentos preciosos que manifiestan las luces que ilustraban
á la nación indiana en los momentos anteriores á
su conquista".
Permaneció casi cien años en el exterior de la torre
poniente de Catedral metropolitana, justo donde desemboca ahora la
calle Cinco de Mayo. Fue por iniciativa de Jesús Sánchez,
director del Museo Nacional, que se decidió trasladar la Piedra
del Sol al viejo palacio en la calle de Moneda. Fue colocada en la
galería de los Monolitos inaugurada por Porfirio Díaz
en 1887. El operativo se llevó a cabo en el mes de agosto de
1885. Así lo describe Leopoldo Batres, célebre arqueólogo
del Porfiriato: "No deben pasar inadvertidos ciertos detalles
que ponen de relieve el mérito de la traslación, del
lugar donde se hallaba al Museo Nacional; es el caso: que ya otros
directores anteriores al Sr. Sánchez habían proyectado
la referida traslación; pero siempre encontraban insuperables
dificultades que hacían imposible llevar a cabo el benéfico
propósito, por ejemplo: consultaron a uno de nuestros arquitectos
de gran reputación sobre el modo y manera de llevar a cabo
la conducción de la enorme piedra. Después de largas
meditaciones, serios estudios, complicados cálculos e invención
de raros e ingeniosos aparatos y un presupuestos de dos mil pesos,
resolvían que bajo todas estas condiciones, y construyendo
una vía férrea desde el lugar a donde estaba colocado
el Calendario hasta el interior del Museo Nacional, se atreverían
a llevar a cabo tan difícil como peligrosa operación;
pero que desde luego salvaban su responsabilidad en cualquier desgracia.
"El Sr. Sánchez, no queriendo seguir la práctica
de sus antecesores y con el valor y audacia que se requiere en estos
casos, sin más aparatos que cuatro gatos, seis poleas diferenciales,
una plataforma, una media docena de vigas, y por todo arquitecto el
maestro mayor de la maestranza de artillería, Sr. Juan Suárez
(habilísimo operario digno de toda mención y elogio
por lo bien ejecutado de las maniobras), cinco maestranceros y una
fajina de 20 soldados que se turnaban de diversos batallones, en el
término de 15 días trasladó el monolito al Museo
Nacional a donde se halla hoy sano y salvo, y sin más gasto
que seiscientos pesos en lugar de dos mil pesos a que subía
el presupuesto de los facultativos." 13
La Piedra del Sol, ocupa hoy el lugar central del Museo Nacional
de Antropología e Historia. Para su traslado el sábado
27 de junio de 1964, fue colocada sobre una plataforma de 7 metros
de largo y 3 de ancho, con 16 ruedas. Fueron necesarios 30 días
para retirarla de la base de ladrillo con cemento que la sujetaba
y colocarla en el armatoste en el que habría de ser trasladada
a su nueva morada. Se utilizaron seis diferenciales de 10 toneladas
cada uno con cadenas para recostarla sobre la estructura de acero.
Los cables de retención iban cubiertos de hule espuma. Según
el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el operativo se
hizo de día "porque es la (pieza) más importante
de cuantas estarán en el Museo". Le cantaron las Golondrinas
cuando abandonó su antiguo recinto en el edificio colonial
de la Calle de Moneda Nº 13. "Venimos a despedirlo",
dijo un hombre vestido de mecánico, que junto con escolares,
trabajadores, burócratas, amas de casa y algunas parejas de
enamorados acompañaban al Calendario Azteca rumbo al zócalo.
El chofer Pedro Meza Aceves, condujo al insigne monumento, en un tractor
de 290 caballos de fuerza, a una velocidad de 10 kilómetros
por hora y "casi roza las estatuas de Colón y de Cuahutémoc".
Fue colocada, viendo hacia el Este presidiendo la sala Mexica que
tiene una superficie de 2 400 metros cuadrados, tan grande como lo
fue todo el Museo Nacional. Quedó empotrada en una plataforma
de mármol de 6 m. de largo, 1.20 m. de alto y 1.20 m. de ancho,
en el museo mas grande del mundo en su especialidad, es decir, dedicado
a un solo país y a una sola rama de la ciencia.
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