En los cuadros y esculturas de Fernando Botero, el artista colombiano más reconocido del mundo, todo está inflado como un globo: figuras, objetos, paisajes. El mundo "gordo" que crea Botero comunica el problema artístico que lo ha obsesionado desde mediados de los años sesenta: pintar el volumen. A Botero le interesa el volumen porque es una manera de explorar la vida, la vida que se expresa "a través de la sensualidad de la forma".

Monalisa
1977
Óleo sobre lienzo
183 x 166 cm

Pero además de la peculiar manera en que pinta el volumen, Fernando Botero es célebre por "apropiarse" de la tradición clasicista europea. En muchas de sus pinturas parodia obras del pasado (como la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci; o Las Meninas, de Diego Velázquez) o alude a composiciones de artistas consagrados de la historia del arte, como los renacentistas Andrea Mantagena y Paolo Uccello; o bien El Greco, Jan Van Eyck, Alberto Durero, Pierre Bonnard y Jacques-Louis David. Por otro lado, una gran variedad de los temas e imágenes que pinta se inspiran en la tradición latinoamericana del arte colonial, arte popular e incluso la escultura precolombina. El arte de Botero es, hasta cierto punto, retrógrado y provinciano: depende más del ejemplo de los grandes maestros, de la tradición local, de la imaginería del periodo colonial, que de las corrientes artísticas vanguardistas.

 

 
   
 

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