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Hombre
a caballo
1998
Óleo sobre lienzo
44,91 x 34,29 cm
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Aunque
no vive en Colombia, Botero proclama que "es el más colombiano
de los artistas colombianos". Sus obras retratan la intimidad de
la vida burguesa de los pueblos de su país, satirizan a los poderosos
y a sus familias, echan una mirada a los prostíbulos, muestran
bodegones con frutas tropicales y escenas de tauromaquia. Los habitantes
de los cuadros de Botero tienen un aire de inocencia: son tiernos y
sensuales, pero también patéticos. Uno de sus temas predilectos
es la representación de presidentes, primeras damas, prelados,
monjas y militares, a quienes presenta con una solemnidad que raya en
el ridículo. Estas representaciones humorísticas de la
élite colombiana contienen una velada crítica social,
atenuada por el uso de estereotipos en lugar de retratos.
Botero
nació y vivió su juventud en Medellín, una de las
ciudades más afectadas por la violencia que se vive en su país.
A finales de los noventas comenzó a pintar cuadros cuyo tema
era la guerrilla y el narcotráfico de Colombia. Estas obras marcan
un cambio drástico en la temática que hasta entonces había
desarrollado el artista, aunque mantienen el sentido volumétrico
que caracteriza su obra. En estos cuadros Botero se inspiró en
el arte popular, en la tradición de imagen religiosa, en la caricatura
y en el fotoperiodismo. Sus representaciones son ambivalentes, una mezcla
de ingenuidad y tragedia; como por ejemplo en el cuadro Muerte de Pablo
Escobar, donde transmite compasión y violencia en una escena
que muestra al famoso narcotraficante muerto a balazos en el techo de
una casa. Otros cuadros de esta serie son: Carrobomba, Guerrilleros
durmiendo
la siesta, Manuel Marulanda "Tirofijo"
(retrato del jefe de las FARC), Masacre de Mejor esquina, que
recuerda la tristemente célebre masacre ocurrida en el municipio
de Córdoba en 1988, donde fueron asesinadas 28 personas.
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Masacre
de mejor esquina
1997
Óleo sobre lienzo
35,56 x 45,72 cm
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