Anastasia Guzmán Vázquez

La plaza se cubrió del hermoso colorido de los trajes de las mujeres, con muchos bordados, predominantemente rojos, y los hombres muy peinados. En su mayoría son jóvenes y en esta ocasión venían con nosotros más de treinta.
Se hicieron dos filas, una de hombres y otra de mujeres, cada uno con una flor de Xempaxóchitl en la mano, solemnemente comenzaron a avanzar y cada quien depositó la flor en la tumba, a los pies de Zapata. Se pararon alrededor de la figura de Emiliano y comenzaron a cantar una sencilla canción de bienvenida:

Con gran gozo y placer
Nos volvemos hoy a ver
Nuestras manos otra vez
Estrechamos

Se complace el corazón
Ensanchándose de amor
Todos a una voz a Dios
Gracias damos

Bienvenidos, bienvenidos,
Los hermanos de aquí
Nos gozamos en decir:
Bienvenidos, bienvenidos,
Al volvernos a reunir
Bienvenidos.

Hasta aquí Dios te ayudó
Ni un momento te dejó
Y a nosotros te volvió
Bienvenidos.

El señor te acompañó
Ni un momento te dejó
Del peligro te guardó
Bienvenido.

Bienvenidos, bienvenidos...


Y luego sigue en tzotzil.
La ternura y candidez en un momento tan intenso, hizo que todos los asistentes lloraran como si se hubiera enterrado a Zapata ayer, la canción era tan dulce, tan lejana a un reclamo y tan cercana a la gracia de estar vivos, llena de agradecimiento.
Después cantaron la famosa canción de Paz con justicia y dignidad:

Paz, paz, paz
Paz con justicia y dignidad

Para los pueblos indios de México
Justicia y paz.

Pueblos hermanos tan sagrados
Que desde siempre han vivido en la opresión
Hoy se levantan desde su sombras
Por el reclamo de vivir en paz.

Paz, paz, paz...

Nadie hizo caso a sus reclamos,
Hasta que un día tomaron el fusil
Y por la fuerza de armas de fuego
Exigen paz con justicia y dignidad.

Paz, paz, paz...

México entero es responsable
De presionar por la búsqueda de paz,
Momentos claves vive la patria
Por construir la democracia y libertad.

Paz, paz, paz...


Al terminar, los discursos amables no se hicieron esperar, nada de acartonamientos políticos y frases huecas, puras palabras que nacían del corazón. El representante de Acteal y el de Tlayacapan, en este caso Cornelio Santamaría que es quien organiza el Festival además de ser el director de la famosa banda de Tlayacapan, intercambiaron sus sombreros, como símbolo de hermandad entre los pueblos de México.

Todos se abrazaban, como si se conocieran de años, incluso la gente que pasaba por ahí y presenció el acto, o los reporteros que llegaron al lugar.

A unos pasos de Cuautla, está Anenecuilco, lugar de nacimiento de Emiliano Zapata y en donde se encuentran las ruinas de lo que fue su casa. La siguiente escala sería allí.

Al terminar la visita se subieron a su camión y emprendieron el largo camino de regreso a casa, más o menos veintiséis horas de camino les esperaban después de toda una aventura.


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