Libertos


     
     
     
 
Los libertos eran esclavos liberados y sus familias. La mayoría de ellos seguían ligados a sus antiguos propietarios pero ahora en una relación de “clientes”, es decir, en una dependencia “simbólica” de su antiguo dueño. Cada mañana, los libertos estaban obligados a ir a casa de su “patrón” a rendirle homenaje como expresión de agradecimiento, respeto y fidelidad. Si no lo hacen serían considerados “ingratos” y por lo tanto despreciados por su comunidad.

Había libertos que seguían ocupándose de los asuntos de quien fuera su amo pero con la diferencia de que ahora tenían más dignidad y percibían un sueldo a cambio. Un liberto podía ganar dinero, casarse, formar un patrimonio y heredar bienes a sus hijos. Casi todos los libertos se dedicaban al comercio y había muchos artesanos, tenderos o negociantes. Era común que un liberto hiciera fortuna pero eso le traía el odio de la mayoría de los hombres nacidos libres porque consideraban que un antiguo esclavo no debía tener más riqueza que ellos.

Así, los libertos no tenían un lugar definido en la sociedad. Podían ser muy ricos pero despreciados por su condición de libertos. La “buena” sociedad nunca los aceptaba y se burlaba de ellos. La obra Satiricón de Petronio, hace una caricatura cruel de los libertos, retratándolos como pretensiosos, incultos y arribistas.

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Fuente:
Paul Veyne, “El imperio romano” en Historia de la vida privada 1. Imperio romano y antigüedad tardía. Dirección de Philippe Ariés y Georges Duby. Madrid, Taurus, 1991.