Educación
     
     
     

El pedagogo, un maestro privado, era el encargado de enseñar a leer a los niños de las familias ricas. En ciudades y aldeas había maestros que enseñaban las primeras letras en escuelas mixtas, de niños y niñas. La escuela era una institución reconocida, el calendario religioso señalaba las vacaciones escolares y las clases eran por la mañana.


Entre el pueblo había iletrados pero también había quienes sabían leer y escribir. Se han encontrado cartas escritas por artesanos, graffitis murales, tablillas. Los libros de los poetas famosos se han encontrado en todos lados, desde barrioso populares hasta provincias lejanas.

Sin embargo, sólo los varones de familias acomodadas seguían estudiando después de los doce años. Un “gramático” o profesor de literatura iba a su casa para que estudiaran los autores clásicos y la mitología. Los jóvenes ricos estudiaban para cultivar su espíritu, no para “ganarse el pan” o para integrarse a la vida pública. Las materias que aprendían estos jóvenes tenían un valor “de prestigio” porque embellecían su alma, como la retórica, que era el arte de hablar elocuentemente en público. Todos los muchachos aprendían modelos de discursos judiciales o políticos.
A los catorce años, el joven comenzaba a usar indumentaria de adulto y un par de años después podía optar por una carrera pública o entrar en el ejército. Hubo jóvenes nobles que a los diecisiete años eran oficiales, sacerdotes del Estado u oradores en el foro. El aprendizaje sobre asuntos cívicos y profesionales se aprendía en la escuela. Asimismo, ahí se enseñaba la lengua y literatura griegas. Abundan las esculturas de jóvenes cargando un libro como símbolo de cultura y por lo tanto de superioridad social.

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Los Dioses


Los Esclavos
   

Fuente:
Paul Veyne, “El imperio romano” en Historia de la vida privada 1. Imperio romano y antigüedad tardía. Dirección de Philippe Ariés y Georges Duby. Madrid, Taurus, 1991.