Las ciudades mesopotámicas
en los albores de la humanidad
     
   
     
 

Introducción

Alrededor de 6 mil años atrás, la ciudad de Hamoukar, en la actual frontera entre Siria, Irak y Turquía, sufrió los impactos de más de 2 mil 300 proyectiles de un barro tan duro como la piedra. Los defensores de aquella amurallada urbe no pudieron hacer nada. Ésta es la interpretación que realiza el alemán Clemens Reichel, jefe de un equipo de arqueólogos de la Universidad de Chicago, a partir de los restos desenterrados en el lugar: “delante de nosotros tenemos el más antiguo ejemplo de una guerra”.

Para este arqueólogo, los responsables del ataque serían las fuerzas armadas de una ciudad muy antigua: la poderosa Uruk, ubicada a orillas del río Eufrates. Como evidencia, señala la cantidad de piezas de cerámica desenterradas en un estrato posterior a la guerra.

Uruk, al igual que Ur y Eridu, en la actual Irak, formaron parte de lo que conocemos como Sumeria, uno de los lugares en donde se inventó la escritura. Estamos hablando de los orígenes de la civilización, alrededor de 4 mil y 5 mil años antes de nuestra era, en la antigua Mesopotamia.

     

 

La cuna de la civilización


Unos años antes del ataque a Hamoukar, en la cuenca de los ríos Tigris y Éufrates ocurrió un fenómeno sin precedente hasta entonces: la organización estatal y la necesidad de mantenerla.

Junto con el descubrimiento de la rueda, el torno de alfarería y otras novedades en la agricultura y ganadería, un poder central y jerárquico fue concentrándose en diversos asentamientos urbanos. En su mejor época, por ejemplo, la ciudad de Uruk llegó a albergar alrededor de 40 mil personas en un área de dos y medio kilómetros cuadrados. En ella la sociedad estaba organizada en diversas profesiones especializadas: soldados, burócratas, sacerdotes, albañiles y artesanos; y de los representantes de éstas surgió una élite que marcó su diferencia del resto.

El caso de Uruk es particular: pasó de ser un centro que controló una amplia parte de Mesopotamia a convertirse en la primera gran potencia de la historia. La capital de un Estado. De sus restos provienen las más antiguas tablillas de cerámica con la escritura cuneiforme.

 

   

 

Los arqueólogos siguen excavando en Mesopotamia, una región marcada por los ríos Tigris y Eufrates, que nacen en los nevados de la actual Turquía y desembocan en el Golfo Pérsico. Aquí están las pistas para entender el proceso que desembocó en una organización estatal que fue modelo para egipcios, griegos y persas. El remoto origen de la civilización occidental.

En este proceso, varios sitios han jugado un papel preponderante. Asentamientos tan importantes y algunos incluso más antiguos que las ciudades de Ur, Uruk y Eridu. Se trata, además, de la conquistada Hamoukar, de Katal Hoyuk y Gobekli Tepe al sur de Turquía, Tell Brak y Jerf al-Ahmar en Siria, y Aqaba en Jordania.

Si unas ciudades se especializaban en la agricultura o en la ganadería, otras lo hacían en la producción de piezas de cerámica, otras en la fabricación de artefactos de obsidiana y otras más incluso de bronce. Esto sin mencionar aquellos lugares que se convirtieron en puntos de encuentro para el comercio.