.....Imposible
sería hablar de todas y cada una de las heroínas
de la Independencia de México, en un artículo que
no puede por su extensión, ni encerrar sus nombres ni contener
sus hazañas.
.....Contentémonos,
pues, con consignar un recuerdo a doña Rafaela López
Aguado, madre de los Rayones, que fué digna émula
de las espartanas; a doña María Petra Teruel de
Velasco, hada protectora de los insurgentes presos; a doña
Ana García, esposa del patriota Coronel José Félix
Trespalacios, a quien acompañó en una travesía
de ciento sesenta lenguas y salvó de dos sentencias de
muerte que contra él fulminara el partido realista; a las
hermanas González de Pénjamo, que sacrificaron su
fortuna y derribaron su casa para unirse con los insurgentes;
a las hermanas Moreno, que dieron tantas pruebas de abnegación
y de patriotismo, al lado de don Pedro Moreno y de Mina; y a las
jóvenes Francisca y Magdalena Godos, también hermanas,
que durante el sitio de Coscomatepec, hacían cartuchos
y cuidaban a los enfermos.
.....¿Y
qué diremos de las heroínas sin nombre, que por
este motivo son más dignas de eterno recuerdo, y de las
cuales la ingrata historia sólo ha conservado la memoria
de algunas de sus acciones?
.....La
mujer de Albino García, pobre y humilde de origen, montada
a caballo, sable en mano, "entraba la primera a los ataques
animando con su voz y su ejemplo a los soldados."
.....En
Soto la Marina, durante el sitio inmortal sostenido por el mayor
Sardá y sus heroicos compañeros, "lo abrasado
de la atmósfera y los incesantes esfuerzos de la tropa,
pronto hicieron insoportable la sed que la atormentaba; y aunque
el río se hallaba a pocos pasos, era tan vivo y destructor
el fuego del enemigo, que ni el más intrépido de
los hombres se atrevió a exponerse para aliviar tan urgente
necesidad. En estas circunstancias una heroína mexicana,
viendo cuánto sufrían de desfallecimiento los defensores
de la patria, tuvo el arrojo de adelantarse en medio de una lluvia
de balas y la fortuna de proporcionarles un poco de agua sin experimentar
el menor daño."
.....Hubo
otra heroína en Huichapan, que levantó a sus expensas
una división de insurgentes, se puso al frente de ella,
y en cierta acción, entre muchas que sostuvo, dispersos
los soldados por el enemigo, se quedó sola, defendiéndose
con tanto valor que obligó al jefe realista y a la tropa
de éste le rindieran las armas y le conservarán
la vida...
.....También
una extranjera compartió con las nuestras la gloria de
haber sufrido por alcanzar la emancipación de México.
Vino con el General Mina desde Gálveston, fué francesa
de origen y se apellidaba La Mar.
.....Había
residido en Cartagena de Indias y distinguiéndose por su
amor a la libertad americana. En Soto la Marina con la mayor abnegación
cuidó de los enfermos y de los heridos, y dió pruebas
de heroísmo durante el sitio. Hecha prisionera fué
enviada a Veracruz y obligada "a servir en un hospital en
las más penosas y repugnantes ocupaciones". Logró
fugarse y unirse a la división de don Guadalupe Victoria,
pero al cabo de algún tiempo, fué hecha prisionera
de nuevo por los realistas, y puesta a servir en Julio de 1819,
con una familia particular de Jalapa.
.....A
pesar de repetidos memoriales que dirigió al Virrey, no
se le permitió regresar a su país, y estuvo en duro
cautiverio hasta la consumación de la Independencia.
.....De
propósito hemos reservado para terminar, la narración
de dos episodios que sobrepujan a lo heroico, que son casi sobrehumanos,
y de los que fueron protagonistas, en glorioso sitio doña
Antonia Nava esposa de don Nicolás Catalán, uno
de los más valientes defensores de la Independencia, y
doña Catalina González compañera y amiga
de aquella heroína.7
.....En
un pueblecito perdido en las escabrosidades de la Sierra de Xaliaca
o Tlacotepec en el Sur, el General don Nicolás Bravo sufría
tremendo sitio de los realistas. Estaban a sus órdenes
el citado Catalán y un puñado de valientes; pero
la situación era tan crítica, que la rendición
se hacía esperar de un momento a otro: "No era que
faltase el valor: era que hacía algunos días que
las provisiones se habían agotado y el desaliento había
invadido a los insurgentes, algunos de los cuales veían
la capitulación como halagüeña esperanza."
.....El
General Bravo hizo un esfuerzo supremo. Sacrificando sus sentimientos
humanitarios que siempre lo distinguieron, mandó diezmar
a sus soldados para que comiesen los demás. La orden iba
a cumplirse cuando doña Antonia Nava y doña Catalina
González, seguidas de un grupo de numerosas mujeres, se
presentaron al General y con varonil actitud dijo la primera:
.....-"Venimos
porque hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra
Patria. ¡No podemos pelear, pero podemos servir de alimento!
He aquí nuestros cuerpos que pueden repartirse como ración
a los soldados." Y dando el ejemplo de abnegación,
sacó del cinto el puñal y se lo llevó al
pecho: cien brazos se lo arrancaron, al mismo tiempo que un alarido
de entusiasmo aplaudía aquel rasgo sublime.
....."El
desaliento huyó como los fantasmas con la luz de la mañana.
Las mujeres se armaron de machetes y garrotes y salieron a pelear
con el enemigo."
....."Casi
todos los insurgentes murieron, pero ninguno se rindió."
8
.....No
satisfecha la heroína, a quien llamaban La Generala con
aquella grandiosa acción, algún tiempo después,
cuando contempló ensangrentado el cadáver de uno
de sus deudos que asesinado por los realistas había sido
llevado a la presencia del gran Morelos, y cuando éste
intentaba consolarla, manifestándole que por la patria
aún mayores sacrificios debían hacerse; doña
Antonia Nava, con voz entera y ahogando su dolor, dirigió
a Morelos éstas sencillas pero elocuentísimas palabras:
.....-"No
vengo a llorar, no vengo a lamentar la muerte de este hombre:
sé qué cumplió con su deber; vengo a traer
cuatro hijos; tres pueden servir como soldados, y otro que está
chico será tambor y remplazará al muerto."
.....¿Qué
otra cosa hizo Cornelia, la madre de los Gracos?
7
Los
nombres de éstas dos ilustres mujeres, me los comunicó
el General Nicolás Pinzón, nieto de uno de los oficiales
del gran Morelos.
8
Gerardo Silva,
Glorias Nacionales. México, 1879.