El corazón
de la mujer es una urna sagrada que encierra los más suaves
y delicados perfumes, la santidad de la virtud, la piedad de la
religión, lo mismo que el cariño abnegado de esposa,
de madre y de hija.
.....La
mujer mexicana ha arrullado a sus hijos, a la apacible luz de
la lámpara del hogar, y los ha alentado con su ejemplo
en los peligros y combates, entre el fragor de las armas y a la
rojiza llama de los incendios.
.....Durante
la guerra de insurrección, las mujeres mexicanas recorrieron
nuestras ciudades y campos de batalla, como diosas protectoras,
ya anunciando el génesis de nuestra independencia, ya avivando
con su amor un amor más grande y santo; ora sorprendiendo
con hazañas que rayaron en lo fabuloso, ora en fin derramando
su propia sangre, no contentas con haber ofrecido la de sus hijos.
....."Las
mujeres mexicanas, decía un testigo ocular de aquellos
homéricos tiempos, casadas con españoles o criollos,
era secreta o abiertamente partidarias de la independencia. El
temor del castigo no reprimía en modo alguno su decidido
patriotismo: durante la revolución fueron siempre fieles
a la causa de la independencia y en muchas ocasiones se distinguieron
por su valor e intrepidez. Cualquiera derrota de los patriotas
tendía una nube sobre sus serenas frentes; y sus hermosos
ojos, a la noticia de cada victoria, se llenaban de lágrimas
de júbilo y brillaban con doble resplandor. Las canciones
con que las madres entretenían a sus hijos, respiraban
libertad y odio al despotismo español."... 1
.....Con
los nombres de estas heroínas, pocos conocidos y muchos
ignorados, es preciso formar un ramillete inapreciable, para depositarlo
en el santuario donde veneramos a la deidad que personifica a
la tierra en que nacimos.
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1 Memoirs
of the Mexican revolution, and of General Mina, by W.D. Robinson;
London, 1821