
Fragmento
tomado de "La mujer en la guerra" en La Mujer Moderna, año I, núm.
3, 1915:
"Una de las
figuras más típicas entre las mujeres de nuestro pueblo humilde, es
la "soldadera"; la compañera inseparable del peón de combate, verdadero
ejemplo de abnegación y constancia, rayanas en heroísmo. Desafía todos
los peligros de la campaña con extraordinaria temeridad; en grupos,
numerosos a veces, forman las verdaderas avanzadas adelantando a los
soldados destinados a este servicio, durante las más largas y penosas
marchas, llevando a cuestas lo indispensable para prevenir a "sus'
hombres, al fin de la jornada, comida caliente y descanso confortable.
Cuán caro ha costado esta previsión a estas pobres mujeres en muchos
casos; con lamentable frecuencia se encuentran de manos a boca con
el enemigo, que casi nunca les perdona la vida. Procurando estar siempre
cerca de los combates para ver de auxiliarlos, a menudo caen muertas
o heridas, alcanzadas por las balas contrarias. En el combate son
animosas y entusiastas al grado de los hombres, y no pocas veces se
dedican a disparar el fusil de los caídos, levantando con sus gritos
y exclamaciones el ánimo de los combatientes. Cuando ven caer a un
soldado, se lanzan en su auxilio y no descansan hasta ponerlo bajo
el amparo de las ambulancias. En la línea de fuego, se multiplican,
prestando servicios de verdadera importancia en la provisión de fuerzas
de agua y parque.
¿Qué falta
a cada una de estas mujeres para ser heroína de leyenda? Solamente
el mando de fuerzas con conocimientos de estrategia y de táctica bastante,
para conducir una legión a la victoria, puesto que alma, intuición
y valor, les tienen de sobra."