A pesar de que los constitucionalistas habían vencido a los huertistas mediante los Tratados de Teoloyucan en agosto de 1914, el presidente Wilson no ordenó la desocupación de Veracruz porque su deseo era entregárselo a Villa por ser más dócil a sus políticas; sin embargo, esto era complicado ya que éste estaba muy lejos del puerto. Wilson optó entonces por ordenar, el 23 de noviembre de 1914, su evacuación; sin entregarlo y sin declarar nada para no dar lugar a interpretaciones de compromiso.

Las tropas carrancistas recuperaron Veracruz y el Primer Jefe estableció allí su gobierno del 26 de noviembre de 1914 al 23 de noviembre de 1915. Estados Unidos reconoció de facto al gobierno de Carranza el 19 de octubre de 1915 y de jure el 26 de septiembre de 1917.

El 2 de junio de 1915 Wilson envió un ultimátum, que además dio a conocer a muchos otros países, a los tres jefes revolucionarios instándolos a la reconciliación y a establecer un gobierno constitucional. Villa y Zapata lo acogieron positivamente pero Carranza ni contestó; optó por enviar un comunicado al pueblo norteamericano culpando a Wilson de obstruir su labor, a pesar de que ya dominaba siete octavas partes del territorio nacional y aduciendo que convocaría a elecciones cuando obtuviera la victoria total. Otra vez Wilson, metido en un callejón sin salida, convocó al ABC con los agregados de Guatemala, Bolivia y Uruguay para exhortar a los jefes revolucionarios a establecer un gobierno provisional, redactar un programa de gobierno y convocar a elecciones. Cumplida la misión de los países latinoamericanos, Villa y Zapata aceptaron la invitación, pero Carranza la rechazó.

Con el reconocimiento de facto que Estados Unidos hizo al gobierno carrancista el 19 de octubre de 1915, Wilson impuso la prohibición de exportar armas para los enemigos de dicho gobierno y ordenó que los barcos estadounidenses anclados en Veracruz izaran la bandera mexicana con la salva de 21 cañonazos que fueron correspondidos por el “Zaragoza”.

Con esto Villa sintió que el gobierno de Estados Unidos lo había defraudado. Con sus gavillas ejerció represalias que le ocasionaron graves problemas a México. Como se mencionó anteriormente, una de ellas en Santa Isabel, Chihuahua, y la otra en Columbus, Nuevo México. En la primera, el 10 de enero de 1916 asaltó y dio muerte a 17 mineros estadounidenses. En Columbus sus fuerzas, comandadas por él mismo, atacaron en la madrugada del 10 de marzo del mismo año. El gobierno de Wilson le reclamó a Carranza su incapacidad para establecer el orden y proteger a los extranjeros. El Primer Jefe jamás lamentó lo ocurrido pero ordenó la persecución y el castigo de los culpables; comparó la incursión de Villa con las que habían realizado el siglo anterior los indios apaches en México y aludió al tratado que años antes habían celebrado Estados Unidos y México, autorizando a las tropas de ambos países a cruzar recíprocamente las fronteras para capturar a los asaltantes, pero puntualizó que solamente si la incursión se repitiera.

Wilson hizo caso omiso de la nota de Carranza y concentró tropas en la frontera para trasponerla e ir en búsqueda de Villa. El Primer Jefe se enteró extraoficialmente de la orden; le advirtió al gobierno de Estados Unidos que si sus tropas cruzaban la frontera se consideraría un acto de invasión formal y, por otra parte, le dirigió un manifiesto al pueblo mexicano para que se preparara a enfrentar cualquier emergencia porque el gobierno estadounidense provocaba la guerra.

El 14 de marzo de 1916 se inició la llamada Expedición Punitiva al mando del general John J. Pershing. Carranza protestó airadamente pero las tropas estadounidenses, con la indignación de los mexicanos, se internaron más aduciendo que estaban a punto de capturar a Villa. Carranza ordenó reforzar las guarniciones. El primer tiroteo se dio en Parral el 12 de abril, con lo que se aumentó la tensión entre los dos países. Obregón conferenció con el general Hugh L. Scott y convinieron el retiro gradual de las tropas. Carranza desaprobó el acuerdo, exigió la retirada inmediata y advirtió a Pershing que cualquier movimiento que hicieran sus fuerzas hacia algún punto que no fuera en dirección a Estados Unidos sería repelido con las armas.

A pesar de eso el 12 de junio se dio un encuentro contra la guarnición de El Carrizal, con lo que se llegó a un gran riesgo de declararse la guerra formal entre ambas naciones. En este punto, el gobierno mexicano propuso que el asunto se dilucidara en conferencias especiales, las cuales tuvieron lugar en territorio estadounidense; se iniciaron el 6 de septiembre en las ciudades de New London, Atlantic City y Filadelfia y, después de que los comisionados mexicanos —Luis Cabrera, Ignacio Bonillas y Alberto Pani— habían aceptado algunas de las condiciones del gobierno de Wilson para retirar las tropas, Carranza decidió dar por terminadas las negociaciones el 6 de enero de 1917 y llamó a sus representantes. Por lo visto, en su afán nacionalista Carranza llegaba a contrariar a sus mismos negociadores.

En ese mismo mes los 15 mil hombres de la Expedición Punitiva, sin compromisos ni condiciones, empezaron a salir del país. Para el 5 de febrero todos estaban fuera y se anunció el envío de los respectivos embajadores, Ignacio Bonillas y Henry P. Fletcher.

Cabe agregar que aunque con las conferencias no se llegó a ningún acuerdo, fueron útiles para aliviar la tensión entre los gobiernos y evitar la guerra. Por otra parte, en ese lapso, en plena Primera Guerra Mundial, Carranza maniobró hábilmente una política amistosa hacia Japón y Alemania, con lo que contrarrestó las presiones del gobierno de Estados Unidos que aún permanecía neutral.