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Alexander von Humboldt

Las obras de Humboldt ejercieron una gran influencia en la Nueva España y en toda Europa, ya que fueron traducidas a varios idiomas en diferentes épocas. Aunque el relato de von Humboldt no fue el primero que se hizo sobre México en el siglo XIX, sí fue el que tuvo mayor difusión. El sabio alemán supo dar a su viaje por América gran publicidad: escribía a sus amigos influyentes en Estados Unidos o en Francia. Los principales periódicos de Alemania seguían con interés su viaje y publicaban cualquier noticia que se tuviera de él. En los círculos de las altas clases burguesas que tenían interés científico, se esperaba con ansia el resultado de los trabajos del famoso erudito.

La admiración que el auge económico causara a Humboldt en tierras americanas, contribuyó a afianzar la confianza de los criollos en las posibilidades económicas de su patria. Humboldt creó una visión ideal de México y, sobre todo, describió un país inmensamente rico en potencia. Actualmente, se le ha reprochado haber trazado un cuadro falso de México, respecto a los habitantes o por haber tenido escasa información sobre las manufacturas y sobre la agricultura.

La obra del alemán provocó que los empresarios capitalistas extranjeros -alemanes, ingleses y norteamericanos- se fijaran en México para invertir sus capitales y explotar sus riquezas. Humboldt escribió que los yacimientos de metal se encontraban en regiones fértiles para la agricultura, con ciudades y pueblos bien poblados: "El vasto reino de la Nueva España -afirmó-, bien cultivado, produciría por sí solo todo lo que el comercio va a buscar en el resto del globo: el azúcar, el cacao, el algodón, el café, el trigo, el cáñamo, el lino, la seda, los aceites y el vino." También alaba las maderas de construcción, la abundancia de hierro, cobre, níquel y plomo, la producción agrícola, así como los capitales de los propietarios de minas y empresarios.

Pero aunque habla mucho de las riquezas del país, Humboldt no dejó de insistir en los obstáculos para obtenerlas. Menciona la ausencia de ríos navegables y la escasez de agua, la falta de puertos, la sequedad del clima, la falta de canales y sistemas de riego, la falta de transportes para las mercancías, la deficiencia de la administración española de su colonia, y la miseria y marginación de la población indígena.

Finaliza su ensayo sobre la Nueva España diciendo:

¡Ojalá que mi trabajo (...) que empecé en la capital de la Nueva España pueda ser de alguna utilidad a los que la suerte destina a velar por la prosperidad pública! Ojalá sobre todo, que llegue a persuadírseles de una verdad importante, a saber: que el bienestar de los blancos está íntimamente enlazado con el de la raza bronceada, y que no puede existir felicidad duradera en ambas Américas, sino en cuanto esta raza humillada pero no envilecida en medio de su larga opresión, llegue a participar de todos los beneficios que son consiguientes a los progresos de la civilización y de las mejoras de orden social.


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