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Lago
de Texcoco,
fundación México-Tenochtitlan |
Cuando se acercaba la fiesta de los dioses del agua (etzalcualiztl), que se celebraba el sexto mes del calendario azteca, los sacerdotes elegían mediante una carrera a los hombres que mejor remaban y guiaban con mayor rapidez el acalli o canoa.
El día dispuesto para elegir al conductor de las ofrendas de Tláloc y sus servidores, los tlaloque, en el lugar de la competencia reunían las canoas pintadas de brillantes colores con sus remos también pintados. Había barcas de todas las ciudades y los pueblos de la orilla del gran lago de Texcoco. Los remeros que competían eran los más hábiles y fuertes.
A la señal de sus sacerdotes todos remaban lo más rápido posible buscando alcanzar la otra orilla, donde los esperaban y decidían cuál embarcación había sido la más rápida: la primera en llegar.
De esta manera demostraban su habilidad en el manejo del acalli y merecían con ello la estimación del pueblo al ser elegidos para conducir el acalli azul, que en la fiesta llevaría las ofrendas a Tláloc. Para ello debían conducir a los sacerdotes hasta un remolino sagrado donde se arrojarían los tributos en honor del Dios.


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Representaciones
de Tláloc dios de la lluvia
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Los remeros se movían con destreza y cruzaban las aguas animados por la gente reunida, que se amontonaba en las orillas del lago o que observaba desde sus canoas adornadas con flores la competencia. Los remeros ondeaban en sus barcas el pantli, un estandarte que era la insignia del competidor.
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Tláloc
dios de la lluvia.
Templo Mayor excavaciones,
México, D.F.
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La competencia se realizaba al comenzar el verano y cientos de hombres participaban remando varias leguas sin descanso. Los ganadores no tenían más premio que la admiración de su pueblo y el honor de servir a Tláloc en su fiesta. El día de la fiesta la ciudad amanecía adornada: en templos y casas, en calles y canales abundaban las enramadas, los adornos florales y los manojos de caña. Las canoas también lucían especialmente llenas de flores. Cuando terminaban las ceremonias en los altares y templos, los sacerdotes conducían las ofrendas a los tlaloque en una olla de barro pintada de azul, por ser este color el preferido de Tláloc. La olla contenía la ofrenda de corazones, chalchihuites y copal. Los sacerdotes entraban en una canoa azul grande —que era del señor de Tenochtitlán— y luego los hombres elegidos comenzaban a remar con gran prisa, ayudados por los remos que también estaban pintados de azul.
Los sacerdotes, con las caras pintadas de azul, iban de pie y no se sentaban ni se sujetaban durante el trayecto. Los remeros conducían la canoa con gran rapidez y, tras ellos, con igual prisa, iban muchas canoas.
Cuando llegaban al lugar donde se realizaba la ofrenda, las demás canoas quedaban fuera y no se acercaban al remolino. Los sacerdotes comenzaban a tocar flautas y caracoles, mientras que en la punta de la canoa el principal de ellos arrojaba la olla azul en medio del remolino. La canoa navegaba en el borde, dando vueltas junto con el agua sin dejarse arrastrar hasta el centro. La pericia de los remeros la mantenía en el borde.
Después la canoa volvía hacia la tierra y toda la gente se bañaba en las aguas del lago, se purificaba en el seno de Tláloc, hasta que la canoa azul era llevada al sitio de su custodia, lugar sagrado donde esperaría la siguiente fiesta.
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Ofrendas
a Tláloc excavaciones 2000,
en las casas de las ajaracas y las campanas.
Foto: Carlos Álvarez.
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Los sacerdotes, con las caras pintadas de azul, iban de pie y no se sentaban ni se sujetaban durante el trayecto. Los remeros conducían la canoa con gran rapidez y tras ellos, con igual prisa, iban muchas canoas.
..........Cuando llegaban al lugar donde se realizaría la ofrenda, las demás canoas quedaban fuera y no se acercaban al remolino. Los sacerdotes comenzaban a tocar flautas y caracoles, mientras que en la punta de la canoa el principal de ellos arrojaba la olla azul en medio del remolino. La canoa navegaba en el borde, dando vueltas junto con el agua sin dejarse arrastrar hasta el centro. La pericia de los remeros la mantenía en el borde.
Después la canoa volvía hacia la tierra y toda la gente se bañaba en las aguas del lago, se purificaba en el seno de Tláloc, hasta que la canoa azul era llevada al sitio de su custodia, lugar sagrado donde esperaría la siguiente fiesta.