Ramón Cordero G.

Aunque parezca una broma digna del día de los inocentes, todo parece indicar que a partir del próximo año tendremos que renovar las recetas que tradicionalmente se empleaban para preparar la cena navideña o de fin de año. Como es sabido por todos, a partir del año próximo entra en vigor la liberalización para el intercambio de productos agropecuarios entre los tres países firmantes del Tratado de Libre Comercio -México, Estados Unidos y Canadá.

En una más de las argucias que han caracterizado la participación de nuestros vecinos del norte para competir de manera ventajosa, han logrado un dictamen favorable por parte de las instancias dedicadas a resolver las controversias que se presentan en materia del famoso tratado, a fin de obtener una especie de exclusividad para el uso de los pavos como ingrediente principal de festividades.

De la misma manera en que antes han logrado patentar genes, medicamentos, mecanismos y demás, finalmente obtuvieron una patente sobre el uso del pavo. Las razones históricas tienen su origen en la fiesta denominada como Día de Acción de Gracias, en la que esta ave ha sido desde siempre un elemento indispensable.

Aun cuando las delegaciones mexicanas y canadienses hicieron la apelación correspondiente argumentando un consumo también tradicional, en realidad la misma variedad gastronómica de nuestros países determinó la confirmación del dictamen inicial. Sí, en México se ha consumido el guajolote desde tiempos prehispánicos; pero principalmente acompañado con mole y de manera indiscriminada durante las fiestas navideñas. El hecho de que la carne de cerdo, los romeritos y el bacalao también formen parte de la tradición decembrina, le quita el carácter de exclusividad.


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