A principios del siglo XX, el etnólogo británico B. Malinowski desconcertó a sus contemporáneos con las creencias sexuales de ciertos pueblos del Pacífico Sur, quienes desconocían, o mejor dicho, no estaban interesados en la participación del hombre en el proceso de procreación, pues consideraban que únicamente las mujeres tenían capacidad progenitora (Malinowski, 1932. La vida sexual de los salvajes).

La idea era escandalosa, pues los nativos de Melanesia desafiaban certezas y sensibilidades caras para Occidente. ¿Cómo podían los primitivos ignorar el semen masculino en la procreación? Y es que en el siglo XIX, la ciencia médica había reestablecido la función conceptiva del coito, a la vez que decidido que el orgasmo femenino era innecesario para la fecundación. Se trataba de una idea consolidada recientemente, apenas en el siglo XIX. En efecto, la sexualidad occidental tiene una larga historia que comienza a ser desentrañada. Y el orgasmo femenino es un buen ejemplo, como lo muestra el historiador Thomas Laqueur en su libro Making Sex, Body and Gender from the Greeks to Freud (Harvard University Press, 1990).

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Dávalos López, Enrique: "Represantaciones históricas del orgasmo femenino"en Letra S. Suplemento Mensual. La Jornada. # 21. México,2 abril 1998. p. 8.

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